A por los Balcanes….

Que bonito es esto de viajar. Días sin duchas y noches sin cama.
Antes de las siete de la mañana desembarcábamos en Pireus, Atenas, Grecia. Sin cruzar muchas palabras nos parábamos en el primer café que tenía wifi para colgar la entrada conjunta anterior a esta. Un café, otro, un agua para el viaje y la despedida con un fuerte abrazo muy sentido por los dos. Había llegado el momento de despedirnos dando por finalizada la Trail Süleyman El Magnífico, de la que seguiremos hablando en un futuro.

Roberto iniciaba su vuelta a Asturias, al hogar, a reunirse con los suyos en pocos días. Antes, pasó por el Estrecho de Corintos y pasará, mañana, por media Italia antes de embarcar en Civitavecchia hacia Barcelona.

¿Y yo? ¿Que es de mi? Arrancaba de Pireus con destino Lamía y Tesalónica, un “dejavú”, pues hace apenas unos días habíamos pasado por el mismo lugar. Me sentía como un gamberro dando vueltas por Grecia sin rumbo. Antes de Tesalónica el desvío hacia Skopje, Macedonia.
Al llegar a la frontera me afloran los nervios, voy solo coño, ya no tengo ese comodín que tan bien va, el compañero de fatigas moteras ha emprendido otro camino. Paso por el policía de Grecia y me hace bromas sobre mi residencia, al parecer conocía Barcelona y Tarragona.
Llegaba el tramite Macedonio, y como ya uno se va a costumbrando a pasar fronteras no comunitarias, pues pasaporte, papeles de la moto y carta verde en mano. El trámite no llegó a cinco minutos.
Después de eso venía lo duro, el registro del “baggage”. Otra vez no por dios, en la salida de Turquía ya me hicieron desmontar media moto. La policía Macedonia, gordita ella, y, mirándome con ojos compasivos hizo la pregunta del millón. ¿Baggage is well?
– ¿Well? ¿Is very well? Acompañado de mi carita de gatito de Shrek. Risas de la policía.
– Ok. Pass. Welcomo to Macedonia.
¡Yuhuuuuuuuuu! Así todas por dios.
Pasaban los kilómetros sin darme cuenta, y sin darme cuenta vi el cartel de Skopje. Macedonia es un país predecible. Su encanto reside en sus montañas y en lo rural de todo él. Fuera de la carretera normal todo es pista de tierra, las calles, los accesos a las casas, todo.
Varios peajes y la señal de Skopje. ¡Uy! ¿Que es eso? ¿Pristina? ¿Kosovo? ¡Y voy fresco!
Sin pensarlo dos veces anule mi primera idea de pernoctar y seguí hasta Kosovo. Frontera Macedonia ok, frontera Kosovar no ok. Ya me lo había explicado Roberto, la carta verde en Kosovo no vale, hay que sacar un seguro adicional. I know, I know. Trámite de cinco minutos y bye, bye. La entrada a Kósovo ha sido muy especial, la piel de pollo por recordar lo ocurrido en este país tan solo hace unos años.
Sorpresa, la carretera de entrada desde Macedonia a Kosovo es un culebreo “montañil” con mucho tráfico. Como podía me iba haciendo paso, mi carril de circulación, así como el contrario, poseen dos surcos inmensos en forma de rodera asfáltica que hacen bailar la moto de lado a lado. El calor, unos treinta y cuatro grados, no ayuda a pasar ese trago a velocidad de cuarenta por hora. Arriesgando más de la cuenta por culpa de mis maltrechas ruedas subo marcha y voy rebasando a todo aquel que se aparta un poco. Autocar, adelanto cerca de una curva y al fondo aparece un monstruo con dos faros enormes. ¡Ostia! Corre Alex que este es más fuerte que tu, apuro la tercera, me meto en el carril a lo Swantz y al pasar por su lado oigo un “Me kago en tu p… …..”, supongo que en idioma Serbio.
Solo me dio tiempo a ver que era un Hummer de color verde oscuro con las letras KFOR. ¡Coño, piernas par que os quiero!
Sin más llegaba a las inmediaciones de Pristina con dos opciones, girar hacia la derecha hacia Serbia y posteriormente Vucovar o girar hacia la izquierda hasta Montenegro. Pregunté a mi otro yo pero aun andaría durmiendo así que continué recto hasta una gasolinera, como no. Allí me hice con tres amigos, uno de ellos el novio de la propietaria de la gasolinera, un chaval Serbio con cinco idiomas en sus haberes. Me recomendó un motel de carretera que había justo delante, y que por 20€ me han acogido. Ducha y al centro comercial que tengo delante, pero los centros comerciales no me gustan, para colmo, iba ataviado con la camisa de patrocinadores (no llevo más), y con unos pantalones sucios por ambas rodillas, algo, si más no, que llama la atención.
Ahora, ya en el refugio que me presta mi habitación en Kosovo, escribo estas lineas a la espera que mi otro yo me ilumine hacia donde debe ir mi ruta mañana… ¿Me acompañáis por tierras Balcanas?
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