Alexviajaenmoto

Amar en moto y el arte de amar

Amar en moto y el arte de amar.

Mucho se ha escrito sobre lo segundo y muy poco del primer acto. La mayoría de las personas no saben amar porque simplemente se abandonan al conformismo de la sociedad.

El arte de amar tiene muchas especialidades, madre hijo, padre hijo, persona sociedad, persona animal, hoy y aquí hablaremos del arte de amar en su especialidad más picante y caliente, parejas, aunque lo de picante y caliente no siempre sea en clave positiva.

Debo incluirme en esta sociedad donde no se debe tener pensamientos o sentimientos que nos hagan ser diferentes a nuestros semejantes porqué creemos que vistiendo las mismas ropas, teniendo las mismas ideas o siguiendo los mismo patrones de grupo estaremos salvados y seguros, salvados y seguros de la terrible soledad que tanto nos aterra.

Y solo para los que creemos conocer algo del arte de amar, o algo de esa soledad que tanto nos gusta, nos es más terrible ser preso de esta forma de vivir que al mismísimo retiro, en el que irremediablemente acabaremos todos si no amamos o somos amados.

Te amo porqué te necesito, en lugar de un te necesito porqué te amo.

Es cierto que no me siento integrado al cien por cien en el grupo social mayoritario, o al menos me niego a pertenecer a él como el objetivo final de mi existencia. La máxima expresión del individuo es uno mismo y su vida, la única de la que ha sido dotado y podrá disfrutar. ¿Por qué malmeterla? Me opongo rotundamente a caer en las garras de una insultante soez marcada por los cánones de una sociedad vacía y sus fieles, vagos e ignorante seguidores, .

El arte de amar, aquel que solo toca a los que son capaces de fijarse en los detalles más imperceptibles de su entorno, en los pequeños gestos, en la respiración, el latir del corazón, la sensibilidad de la piel, de las zonas. La mirada de esos ojos, los labios humedecidos, el terso de los senos, el pozo de la miel o la grandeza del glande. Aquellos que procuran el bienestar del otro en todas sus acciones para recibir el mismo tesoro, arte único que requiere de una silenciosa a la vez que palpable preparación, humedecer una estancia con una mirada, estremecer la piel con un susurro, hablar con un silencio.

El arte de amar, como el de escribir, el de pintar o el de dibujar requiere siempre de la necesidad de aprender y la acción de querer, de querer hacer, experimentar, cambiar, innovar, pensar, crear. Podremos hacerlo mejor o peor, pero solo por intentarlo entraremos en el limbo de los que empiezan a entender el arte.

Esta sociedad que se niega a amar por ser esclavos de series y juegos imbéciles, está mecanizada por el trabajo y su falta de espontaneidad. Se conforman con la frialdad de la pantalla privándose de uno de los mayores placeres de la vida, amar. Ya nada os sorprende, practicáis sexo telegrafiado por vuestra pareja o por vosotros mismos, sexo que está marcado en el calendario de la nevera o en la agenda del iphone, sexo que finaliza antes del primer beso y se inicia con la último jadeo, un te quiero y el sonido del bidet si somos limpios.

Este sexo al que muchos se aferran a llamarlo amar donde se avista el orgasmo como la máxima expresión del amor entre la pareja, negándose, al menos uno de ellos, a sentir el placer de amar por ser incapaz de perder un minuto de sueño, por no dar. Amor dicen, sexo digo yo, además de pobre, rápido, conejero y falto de cualquier tipo de humanidad. Generalmente estas personas estarán llenas de escusas, problemas o dolencias, más cuando estén en pleno rendimiento pondrán infinidad de problemas y trabas o imprimirán un ritmo al asunto para acabar lo antes posible. A eso se le llama amar por necesidad.

Hace unos días una persona muy especial me preguntaba que era la moto para mi.

Algo parecido al placer que se siente cuando dos personas practican el arte de amarse, respondí.

Hablemos del arte de amar entre moto persona.

En las redes sociales y de la mano de los mejores overlanders salen relaciones con sus monturas que bien rozan el arte de amar. Le ponen nombre a sus motos y viven experiencias únicas con ellas. Podríamos estar hablando de que de una forma u otra se están amando pues cada uno de ellos se procura sensaciones a partir de sus actos naturales, uno da, y el segundo recibe, el segundo da y el primero se complace, acciones y sensaciones que cierta y realmente solo son reconocidas y disfrutadas por una de las partes, la racional.

¿Cómo una pajilla pensaran algunos? No joder. Una pajilla o masturbarse en modo sexual ambiguo es amarse a uno mismo. Es darse placer porque así nos lo ha querido blindar nuestra propia naturaleza, la grandeza de la vida nos dio el don de podernos auto complacer. Y el que no lo quiera descubrir, practicar, le de asco, vergüenza, o que se yo, que se lo haga mirar porque está enfermo.

El que se haga muchas pajillas también… 😉

La relación moto persona va más allá de la simple pajilla, el arte de amar entraría dentro de unas acciones que la persona ha de llevar a cabo para recibir placer, aunque en este caso no será de ámbito sexual, bueno, es habitual oír por ahí algo como acelerones orgásmicos o el clásico, casi me corro en esa curva. Como digo no será de ámbito sexual pero si que nos generará placer, y es que el arte de amar se asemejaría más a algo muy placentero que al propio o simple sexo.

Según las etiquetas y canonizaciones efectuadas por estos mismo overlanders que tanta libertad proclaman a la vez que se encierran en su vocablo yo no entraría en ese grupo, más bien, entraría en uno bautizado como TURISLANDER.

Y es que hace unos días y mientras nos tomábamos un gintonic fumando una pipa sin substancias estupefacientes con Roberto Naveiras, nuestro amigo Jose Luis Oviaño alias Ovi que yacía delante nuestro recordando su viaje a Balcanes nos sorprendió con esa gran definición.

 Yo soy un turislander ¡Pues yo también quiero ser un turislander que cojones!

El arte de amar, o como joder al otro porque ya no lo amo pero me interesa seguir.

Te amo porque te necesito, en lugar de te necesito porque te amo.

Sí, lo reconozco, cuando salgo con la moto practico el arte de amar, pero sobretodo, practico el arte de alejarme de los patrones de una sociedad que a veces me ahoga y no me deja escapar, en ese momento intento pensar diferente, ya que solo ello me aleja de las garras de la insultante dejadez humana.

Si con este artículo consigo que algunos de vosotros peguéis un buen “arte de amar” en los próximos días agradecería que compartierais este artículo. Gracias.

PD: Abrir un poco más vuestra mente más allá de los ojos y las tetas de la serie “El Principe” o las pelotitas de “Candy Crush”.

amar en moto

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