Ayahuasca

Ayahuasca experience

Ayahuasca – La puerta a la consciencia interna.

La penumbra de las velas tranquilizaba mi presencia en la sala mientras incrédulo me aproximaba al lugar donde oficiaba la chaman Ana Hatum Songo junto a Fabián y Jose. Hacía rato que esperaba mi turno contemplando la solemnidad del ritual con el que los responsables de chamanismo para todos servían a los asistentes el brebaje de la planta sagrada que reposaba confinada en tres jarras de cristal.

Títere del aparente capricho de Ana recibiría la ayahuasca de manos de Fabián Achury cuándo no me tocaba por turno. Algo desconcertado a la vez que confiado y entregado veía como mi ayahuasca se alejaba de las jarras de cristal para brotar y llenar mi cuenco desde una botellita grisacea que ponia “Emerson”.

El primer sorbo me recordó a la tierra húmeda mientras la textura del mejunje no distaba mucho de la madre naturaleza, arenosa. En el segundo sorbo se me hacía presente un sabor a madera, a raíz. El tercer y último solo sirvió para percibir como el final de la poción recorría los últimos centímetros de mi trago para reposarse en el estómago. La mirada cómplice de Fabián me despedía para llevarme al reposo que, muy ordenado, yacía en medio de la sala junto a una cuarentena más de personas, la música andina me acompañó hasta que decidí cerrar los ojos y dejarme llevar.

Al rato de la ingesta un estado de semiinconsciencia se apoderó de mi mientras el lienzo oscuro de mi retina mostraba un extraño y brillante punto azul. Alguna que otra forma indeterminada muy colorida y iluminada  pasaba fugaz por el mapa  mental sin que fuera capaz de centrarla o indetificarla. La experiencia, acababa transitando por un colorido camino que suspendido en la nada me llevaba a ninguna parte, o si, quien sabe.

La cuestión es que todo lo psíquico acabó en cuanto la ayahuasca cobró vida en mi estómago, literalmente explotó en él. Esa pequeña porción de brebaje se expandía en mi estómago de una forma extraña y algo incómoda. Aún así, amante de las experiencias, le pedí a la santa medicina  que recorriera mi cuerpo, que se filtrara a través de mi sangre en todos y cada uno de mis rincones vivos. Y volvió a explotar, era como tener un pequeño ser vivo explorando dentro de mi, movia mi estómago y lo sentía recorriendo mi intestino grueso, tocó suavemente mis riñones y creo que hasta llegó a acariciar el hígado, recorrió mis piernas como un perro que husmea por el campo en búsqueda de su preciado hueso hasta que me mordisqueó la rodilla. Supongo que de nada serviría decir que allí tengo una vieja lesión de menisco.

Mi adicción al tabaco no hacen más que agravar mis problemas respiratorios, consciente de ello aunque no lo cambie por ahora raro es el día que la tos, los silbidos en el pecho o la sensación de ahogo no hagan acto de presencia en mi ya acostumbrado cuerpo. La segunda experiencia dió paso a la tercera que me asustó algo más, cada vez que cogía aire notaba en extremo mi pulmón derecho, sentía como si algo o alguien estuviera rascando su interior limpiando mis paredes pulmonares, al expirar el aire, se repetía la misma operación en el izquierdo.

La cuarta experiencia apareció como una burbuja ascendiendo desde mi estómago hacia el cuello, andando entre los pulmones y la columna vertebral se paraba y arrancaba, a golpes, como si tuviera que abrirse paso entre los tejidos y los músculos de mi cuerpo.

Minutos más tarde, y contaba más de cuarenta con la ayahuasca en mi cuerpo la medicina dijo que quería salir, advertido de ello vomité y defequé en forma de diarrea mayor varias veces. A partir de ese momento sentí una extraña sensación de bienestar, una sonrisa de oreja a oreja y algo parecido a haberme duchado interiormente, no tengo explicación para describir ese estado, como lo diría… ¿algo parecido a coger mis órganos y pasarlos bajo un chorro de agua fría?

Sigo fumando, tranquilos, pero curiosamente desde la ingesta de la ayahuasca mis pulmones han adquirido una expansión que hacía tiempo no recordaba, la ausencia de mucosidad y silbidos representan por el momento una sensación más que curiosa y agradable que espero perdure. Aunque entendido está que perduraría si dejara el asqueroso vicio.

No profundizaré mucho más sobre la ayahuasca ni sobre el ritual pues poco conozco para hablar de ello. Y muy probablemente, si no considerara  a Jose Antonio Florez, Ana Hatum y a Fabián Achury família nunca hubiera asistido a un ritual de este estilo. Con la experiencia vivida solo puedo decir que se la recomiendo a cualquiera siempre que sea con Ana Hatum, pues el intrusismo profesional en esta materia no está exento de riesgo o engaño.

¿A cualquiera? No, miento. No creo que todos estemos preparados aunque no me corresponde a mi decidir quien lo está.

Unas cuarenta personas participamos y acompañaron el ritual de la toma de la ayahuasca, y para auyentar estereotipos erróneos valdría la pena decir que habían psicólogos, jueces, autónomos, empresarios y estudiantes en añadas comprendidas entre los dieciocho y los setenta años. Personas que como yo habían hecho cincuenta kilómetros para llegar a la casa mientras otros habían volado desde Argentina, Malta o Paris.

Es curioso que la palabra Chaman despierte temor cuando quiere decir “el que sabe”. Es curioso que la cura de enfermedades siempre haya tenido su origen en las plantas que nos da la tierra, la misma que nos suministra todo lo necesario para vivir, y que desde ciertos sectores se intente criminalizar el extracto de una raíz que emana de la tierra y no se le conocen efectos secundarios negativos.

Es curioso que el ritual de la ayahuasca de tanto miedo mientras que el ritual del día trenta y uno de diciembre sea una práctica social respetada, bien vista y seguida por miles de fieles. Una práctica que con alguna variación suele repetirse cada fin de semana y que consiste en comer como cerdos, ponernos prendas rojas, meter oro lleno de bacterias en las copas o beber alcohol y fumar como posesos. Alcohol – Tabaco; substancias que alteran las facultades psicofísicas y que pueden provocar adicción con efectos de salud graves. Rituales que pueden ir acompañados de músicas estridentes con bailes compulsivos y que pueden llevar, en ocasiones, al vómito o al coma etílico, incluso a la muerte si se conduce bajo sus efectos.

Pero claro está que siempre será más fácil criticar a la sociedad que degolla al cordero mirando a la meca, que a la sociedad que le clava un cuchillo al cerdo para desangrarlo lentamente, sobretodo, si se pertenece a la segunda.

Por suerte un día me tocó la varita de la locura, aquella que me armó de valor para recorrer en moto otras culturas, aquella que me ha enseñado a creer en las personas sin apreciar color, ideología o religión, aquella que me hace disfrutar de la sencillez de una tienda de campaña oliendo a tierra, aquella que me distrae con el vuelo de un pájaro o las travesuras de una ardilla, aquella que me ha armado de valor este año para dar un paso muy difícil que sin duda me traerá, como ya lo ha hecho, situaciones y consecuencias impredecibles o desagradables que deberé de asumir y aceptar con responsabilidad. Aquella que me dió el valor de tomar ayahuasca y explicarlo públicamente.

Fácilmente la sociedad en la que vivimos entendería que una gacela es más feliz encerrada en el zoo bien alimentada y sin depredadores que la que corre perseguida en la sabana por una leona. ¿Si? ¿Estáis seguros?

Cada vez tengo más claro que la ignorancia es la peor de las enfermedades de la sociedad en la que vivimos, pero supongo que con tanta play, tanto candy, tanta serie, fútbol, política y tiendas de ropa es imposible que un cerebro normal quiera correr el riesgo de perder un minuto de su preciada vida contemplando el milagro que representa que cada día salga el sol…

Y es que para algunos es mucho más seguro estar en el zoo que correr el riesgo de ser devorados.

Sonreíd!

Compárteme...Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInEmail this to someone

Un pensamiento en “Ayahuasca experience”

  1. Explicar lo que uno siente cuando altera la “conciencia” a esos niveles es complicado, sobre todo a personas que no han tenido la oportunidad o no han podido vivir esa experiencia.
    Desde mi humilde punto de vista, ( y tan humilde, desde el retrete ), y partiendo de que nunca he probado Ayahuasca, con tu relato, he sentido como si me la hubiera tomado, salvando las diferencias obviamente. Aunque también puede que sea los excesos de anoche, (creo que me sentó mal el vino y un bocata de pollo) que quieren parecerse a los de una sesión con dicho mejunje…
    Me gustaría sentir esa limpieza interior.
    ¿Para cuándo un relato con Peyote,LSD o algún hongo potente?
    Saludos y felicidades por el post, sin prejuicios y natural, como la vida misma…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *