Con ganas de más… moto.

Moto, moto, moto…

Ayer me encontraba devolviéndole a la gordita su “original look”, si, se acabaron los inventos con ella en un largo plazo. Eran las seis de la tarde y allí estábamos los dos, contándonos cosas mientras le sacaba un tornillo del soporte del top case y le metía una arandela por detrás.

Me contaba que tenía ganas de salir, de ir dar una vuelta, de que le metiera mano y le estrujara la oreja hasta el fondo, me siento mal cuando se pone así. Yo tengo las mismas ganas. Las obligaciones y los quehaceres diarios no nos permiten más que dedicarnos algunos minutos para darnos un vuelta, casi furtiva, a escondidas.

Me despedí de ella y subí a casa oyéndola refunfuñar. Siempre lo hace cuando nos separamos. Es primavera y anda movida como yo, la noto, la siento más que nunca en esta época del año. Estamos en esas fechas donde antaño preparábamos la salida hacia algún gran viaje. Y sabe que no va a haber viaje. Dakar se comió todos los días y los recursos, vacaciones y seis duros meses de ahorros.

A las ocho de la tarde salí a correr y pasé delante del parking a hurtadillas, para que no me oyera. Creo que me presintió. Me fui a correr pero algo cambio mi ruta habitual. Debe ser que yo también estoy ñoño y ando falto de aventuras. Sin saber cómo me vi corriendo por un camino de tierra que antaño había utilizado con la MTB. Tanto hacia que no iba por él que me pareció estar en el lugar más recóndito del mundo. Me paré, respiré, pensé y disfruté.

Cosas mías pero esta madrugada a las cuatro andaba por casa como un búho en la noche del bosque. Mirar los mails, actualizar las redes sociales, y algo de lectura, la de Miquel Silvestre y su Diario de un nómada. Se hacían las siete en el sofá de casa cuando he oído dos pájaros romper el silencio de la noche. A punta de alba me he sentado en la terraza a observarlos, y allí estaban, recogiendo gusanos y comestibles para meterse en la casa del ciprés.

Me sentía inquieto y solo pensaba en ella. Pienso que el desvelo matutino me lo había provocado su susurro en mi sueño. Hazme vivir. Sácame. Hagamos alguna tontería. Poco me cuesta con ella. Sin ponerme el traje de luces me he vestido con tejano, me he tomado el café, y he cogido casco y réflex. He bajado al sótano y la he oído reír. Esa risa es inconfundible.

Hemos salido con la intención de ir a dar una vuelta hasta las 10 de la mañana. Hoy tenía peluquera. Como serán las cosas que al pasar por el camino de ayer me he parado. Ella ha girado su cabeza sonriente, como si de un caballo se tratara. Le he dicho que no, que iba de tejano para empolvarme de tierra por el camino. Esa cara picarona a la que no puedo resistirme. Dale Alex, dale! Y de esta forma nos hemos visto con bambas y a lo loco por un camino de tierra a las ocho de la mañana. Disfrutando como dos críos.

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Al tiempo he encontrado un llano. Y un camino que se perdía entre arboledas. Claro que si. A por él. En ese momento no pensaba en que estaba a dos kilómetros del centro de Salou. Veía el momento eterno pensando en recorrer prados, praderas y montañas, fundidos el uno con el otro. Mi cabeza soñaba hasta que pasada la arboleda el camino finalizaba en cien metros. Un calentón. Hemos parado y nos hemos reído. Al tiempo, y en el silencio roto por algún coche a su paso por la autovía me visitaban un conejo y un pájaro carpintero.

Allí estábamos. Sentados y medio satisfechos por el momento vivido, pero con ganas de más. Empezaban a caer cuatro gotas procurándome su intenso olor, el de la tierra mojada que tanto me atrae. Me revolcaría en ella el sin pensarlo dos veces. No quedaba más tiempo y debíamos volver a la rutina. Al entrar en Salou, alegres, contentos y muy excitados, la gordita derrapaba en un paso de peatones con sus tacos. Susto y risas. Como un niño, el que siempre intento llevar dentro, me he sorprendido dando gas en todos los pasos de peatones por donde íbamos pasando. Contento, irresponsable, algo imprudente.

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Que tontería verdad. Treinta minutos que saben al mejor de los sabores. Solo con un acto podemos cambiar la rutina, la semana, el día. Y para ello, solo debemos estar atentos y dispuestos a vivir. A veces, con muy poco, podemos ser capaces de ser las personas más felices de la faz.

Porque…

Que sería esta vida sin una locura de vez en cuando, que sería esta vida sin querer ser un niño.

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Un pensamiento en “Con ganas de más… moto.”

  1. Part 3 of my review: rinnung into the tower.But with Joker, Batman is the one who sent Joker flying, si he would have directly been responsible for his death.This video review clearly shows that his author has no grap of Batman’s universe and the character the Joker is.Worse, it’s like he watched the movie without listening

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