Cuando lo inerte te habla.

Son las cinco de la mañana y el primer rayo de luz entra por la ventana de mi lujuriosa habitación a las afueras de Pristina (Kosovo). Tuvieron que dar las once para que a la hora de acostarme me diera cuenta de que no tenia sábanas, bueno, la bajera si. Buscando en el baúl de los recuerdos, laralá, encontré una especie de colchanordicomanta que tiré encima de mi cuerpo desnudo y cansado. Si, duermo siempre en pelotas menos en la tienda de campaña, no se porqué pienso que algún día tendré que salir de ella por patas. Qué menos que no me vean el colgajo.

¿No hay sábanas? Eso se lo pregunto mi otro yo, mucho más hábil que yo en estos menesteres. Te lo dije, la señora rubia con minifalda azul que entraba ayer acompañada de un hombre un escalón por detrás de ella era puta. ¡Joder que vista! Sí, al parecer el motel donde iba a dormir tenía como cliente predilecta la lujuria. Y así fue, la noche paso entre portazos y taconeos de escalera. Desconozco como practican el sexo en estos lares, pero oiga usted, ni un gemido, ni un cabezal, ni un… ¡Ozú niña que me voy!

Aun volví a cerrar los ojos una hora, pero a las seis y media ya estaba encima de la moto. Al final, mi otro yo me obligaba a cumplir el cometido encargado por el cabrón de Peter, y esto lo digo ahora, no esta mañana, y veréis porqué. En mi navegador habían dos opciones, dos cientos y pocos kilómetros hasta Srebrenica o unos quinientos hasta el cometido de Peter, más otros dos cientos hasta cumplir el objetivo del día, Srebrenica. Ala pues, la locura se mascaba.
Carretera y manta que dicen en mi tierra, Pristina y una infinidad de pueblos, la Kfor buscándome aun por mi infracción del día anterior, y un sabor a carretera comarcal con mil peligros. Kosovo, salvando las diferencias, me recuerda a Andorra, tiene algo más de cuatro entradas y por ente, salidas, no hay más carreteras. La mía, era una de las que conducía a Serbia. Por fin, la frontera con todos los papeles preparados. El policía de Kosovo, un encanto. ¿Where are your from?¿Where are your going? ¿Where are your coming? Vamos chavalito que me tengo que ir… El de Serbia, en cambio, un capullo con flor.
¡Stop de cam! Joder, hay que ser gilipollas. Iba con la cámara GoPro en el lateral del casco. Ahora entiendo porqué el poli de Kosovo me entretuvo, vocación de actor supongo. ¡Is closed, is closed, I Know, I Know! ¡D’ont rec! Bueno, pues quince minutos puteandome por la mierda de la cámara a la vez que repetía, Catalonia, Catalonia… ¿Spain or Catalonia?.
Serbia aparece ante mis ojos. Primero pueblerina, rural, y con cientos de camiones haciendo cola para entrar en Kosovo. Al rato, decidí parar en un pueblo fronterizo, Potoçic. Idiota de mi que creía que en Serbia funcionaban con euros, llevo un lio. Al ver la situación incomoda con el café en la mesa, dos hombres me invitaron al café y a sentarme con ellos. Curiosamente…
– ¿Where are your From?
– Spain
– ¿City?
– Tarragona, near Barcelona.
– ¿Catalonia?
– Yes.
– Your have a problems with Spain, and now change de King.
Joder, entre mi inglés malo y su nada de ingles, cualquiera hablaba de política con Serbios fronterizos. A ver si digo algo que no toca y me linchan a ostias. Mi beber café and GO, thanks!

La siguiente Serbia fue aburrida, autopista, autopista y más autopista. Belgrado aparece como una Big City con un contraste muy particular, cada uno construye su casa donde le sale de los cojones a las afueras de la ciudad mientras otros viven en las antiguas viviendas del régimen soviético comunista. Decido desviarme por la Mitrovica Serbia para llegar a Vukovar, paso la frontera sin más pena que gloria y sigo las instrucciones de mi Sygic gratuito pero limitado en sus funciones. Grave error, este, me la juega y me planta delante de una pista con piedras de las que se ponen en las vías del tren. ¡Joder! ¿Y ahora que? Pues adelante que voy, pero pasados unos quinientos metros veo claramente que me voy a pegar una ostia del quince, y me marca quince kilómetros hasta Vukovar en una recta que se platean interminable. ¿Serán las obras del AVE Croata?
Decido dar la vuelta, y a partir de aquí empiezo un carrusel de carreteras y villas fronterizas, y digo fronterizas, porque son los lugares donde cualquier guerra se ceba de una forma más virulenta. Tanto es así que la empatía que siento con los lugareños me ponen los pelos de punta. El Sygic no me dice nada, mi otro yo tampoco, así que viajo a la antigua.

¿Sorry, to Vukovar? Respuesta en Croata como si lo entendiera, y más gilipollas aún mi gesto, asistiendo con la cabeza como si de verdad lo entendiera. Suerte que me quedaba con algún vocablo que hacia referencia a los pueblos por donde debía pasar.

Ruuuuuuuuuuuuuu…. ¡Ostia! ¡Eso es la torre de Vukovar! !Ese es mi destino! Creo que una foto valdrá mi parco comentario.
Ok. Peter me dijo.
– Has de conocer al tipo que tiene una tienda en la base de la torre de agua de Vukovar.
– Ok Peter. Ya te digo ahora que en la base de la torre no hay una mierda, titorito-ritoritorito-toritorito-torirora.
Ahí estaba yo, dando vueltas con la moto por la base de la torre y nada. Una calle por aquí, otra por allá y nada. Me cago en todo lo que se menea Pedro. Quinientos kilómetros y no seré capaz de encontrar el puto chiringuito de cerveza. Desesperado enfilo la carretera principal y nada, última oportunidad hacia el otro lado y me iré. Lo siento.

 

Algo más de una hora hablando, un litro de cerveza en el cuerpo sin comer nada, varias fotos, y muchas risas y buen royo. Gracias por regalarme ese momento.
Ahora quedaba ir a Bosnia, pero mi navegador andaba idiota. Así que mister Karlovacko me hizo un boceto para tontos, tres nombres, tres ciudades, tres direcciones. Era fácil, en Español, “To recto”, pero no, el nene tuvo que perderse por media Croacia por querer innovar.Al fin, la frontera Bosnio – Croata, sin problemas, en Orasje, cruzando el famosos río Sava. Una curiosidad, en la frontera entras y sales por encima de unas esponjas enormes rociadas con algún insecticida, eso es para evitar que entren bacterias o microbios de los animales muertos a raíz de las inundaciones de la zona. De hecho, la embajada Española desaconseja viajar por esa zona.

Una vez entro en Bosnia, el paisaje es desolador. Miles de sacos se amontonan en el lado izquierdo de la carretera a modo de contención por el posible desborde del río Sava. Esa imagen dura varias decenas de kilómetros hasta que veo un camión que viene de frente adelantando a otro. !Amos hombre no me jodas!No me da tiempo a parar la moto, la velocidad de noventa es excesiva en la zona, lo reconozco, pero no me esperaba eso. De tripas corazón y de carretera al monte, así que sin más opciones y rezando para que no ocurriera lo peor me tuve que meter más allá del asfalto. Eso sí, el camionero saco su palma de la mano por la ventana a modo de disculpas.

No os voy a repetir la historia, ni siquiera a comentarla, quien quiera que la busque y la lea por si mismo. Lo inerte habla, y de Orasje a Tuzla, los objetos apostados a lado y lado de la carretera te dicen;
– Yo llevo aquí unos quince años, no más.
– A mi me han rebozado entera para tapar mis heridas
– Yo tendría que estar acabada con piedra pero me quede a medias con el tocho
– A mi me han rehecho la segunda planta, la pared norte y el techo, lo demás es de serie.
– Yo me prefería y me gustaba más como era antes.
Y al unísono todas gritan, nos robaron la juventud, la vida y la vejez.
Las carreteras de Bosnia exigen mucho en la conducción, demasiado diría yo. Las cunetas, llenas de flores con sus respectivos recordatorios hacen pensar en ello, y por primera vez en todo el viaje veo policías con el radar láser manual mas frecuentemente que pájaros volando.Bosnia se me presenta montañosa y frondosa en sus bosques. El río que me acompaña y que serpentea de izquierda a derecha me dice lo que ha llevado y se ha llevado en estos últimos días. Ups. Aquí falta la mitad de la carretera. En cada pueblo y cruce debo parar, voy sin navegador. Saco mi teléfono de bolsillo y me pongo en modo “Help”. No pasan ni dos minutos que la moto es rodeada por lugareños. A partir de ahí con escasas palabras y señas logramos entendernos y encauzar mi ruta. Hay pocos, muy pocos que hablen inglés.

De Tuzla hasta donde he llegado, Oraovac, cada casa, cada iglesia, cada local, cada puente, carretera o mezquita me hablaban para decirme lo que vivieron hace apenas veintidós años. He pasado por Serbia y lo inerte me ha dicho poco o nada, he pasado por Croacia y lo inerte me ha dicho mucho, pero lo de Bosnia, aquí lo inerte habla, y con razón.

A cada paso que doy hay una evidencia de lo ocurrido. Puentes, carreteras, y campos sostienen decenas de monolitos, placas, coronas y grandes rosales. Cementerios inusualmente poblados en pequeñas poblaciones se extienden a lo largo de la carretera en esta zona de Bosnia y la zona fronteriza de Croacia. En alguna ocasión, se me aparece un cementerio en medio de la nada, no hay pueblo, ni casas, solo está el silencio que descansa en paz.
Paso de Kalesija y me encuentro un cartel donde reza “centro conmemorativo”, creo que en Bosnio. Me paro, bajo de la moto y me acerco a la entrada, solo soy capaz de tirar unas fotos en silencio, estoy solo y no soy capaz de pasar más allá de la imaginaria línea de la puerta, ni un paso más, no puedo. Abandono el lugar compungido.
La locura de la mente humana se materializa y se recuerda en estas poblaciones con simples monolitos de color banco.

Mi intención de llegar a Srebrenica se desvanece por momentos quedándome a las puertas de Zvornik. Aquí me acogerán esta noche.

En el día de la fecha creo haber recibido la mejor Master Class de historia reciente.

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2 pensamientos en “Cuando lo inerte te habla.”

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