Gasolina y el perro asesino – Cuando repostar.

Gasolina y el perro asesino.

..//.. “Andaba yo por Grecia después de desembarcar en Pireo y se me pasó poner gasolina donde tocava. El perro asesino no se lo pensó dos veces, y me atacó.” ..//..

Decid la verdad, a todos os preocupa la gasolina cuando planeáis un viaje en moto fuera de España. Si para colmo pretendéis viajar por países como Marruecos o Turquía la incertidumbre os puede llegar a paralizar. Países europeos con problemas o menos desarrollados como Bosnia o Albania también generan sus dudas.

La norma y el consejo

.- Buscar gasolinera a partir del 70% de la capacidad de vuestro depósito, y nunca, a poder ser, apuréis por encima del 85% sin repostar. En mi moto, una BMW R1200GS suelo buscar y repostar a partir de los 250 km.

.- Llenar el depósito antes de las 20:00 horas.

Esta norma que parece fácil no siempre puede cumplirse y la traición suele llegar fácilmente del GPS, de las prisas, del Tomtom o de los mapas de carreteras, que si bien nos indicaran si hay una gasolinera cercana nunca nos asegurarán que esté cerrada por horario, por reformas, porqué está sin gasolina o peor, porqué está ABANDONA Y CUSTODIADA POR UN PERRO ASESINO.

Recuerdo la primera vez que casi me quedo sin gasolina fue en Noruega. Me pasé una gasolinera con 260 km y la próxima no llegó hasta los 350 km, sudé la gota gorda hasta que la vi aparecer detrás de una curva.

Las segunda vez fue en Marruecos, había repostado en Ouarzazate y era obligado volver a hacerlo en Alnif. Pero la ilusión de un pollo asado con patatas me llevó la cabeza al santo y del santo al cielo, y arranqué hacia Rissani sin respotar. Cuando me di cuenta estaba en medio del desierto a 50 km de cualquier gasolinera. El “range” marcaba 40 km. Es decir, que ni para adelante ni para atrás. Solucioné el percance circulando a 80 km y aprovechando las bajadas sin dar gas.

Gasolina y el perro asesino

Como os iba diciendo al inicio había salido del Pireo y repetía la aburrida autopista que días atrás había recorrido con Roberto Naveiras hacia Estambul. Esta vez a diferencia de la anterior había de coger el desvió hacia Skopje justo antes de Tesalónica, y iba solo.

El Mar Egeo custodiaba mi flanco derecho a ojos del Monte Olympus cuando la gordita entró en reserva, era el momento de buscar esa querida y ansiada gasolinera. Pero no llegaba. Y en esos momentos aún estando en Grecia el nudo en la garganta no te lo quita ni dios. Range a 40, 30, 20, 10 y nada…

La curiosidad de esa autopista Griega es que pasaba de tres carriles a un carril a modo nacional, donde claro está te meten un peaje para que no te escapes de la mordida, luego, vuelve a pasar a tres carriles. La curiosidad de algunas de las gasolineras que te encuentras en la autopista es que no tienen carril ni de deceleración ni de aceleración, y has de tirarte al más puro estilo Pelicano pescando hacia su entrada a 80 km/h so pena que el camión o coche que va detrás te envista.

¡Por fin vi la mía! El range marcaba “—–” es decir, nada. Que suerte pensé. ¡Soy un suertudo coño! Recuerdo gritar dentro del casco. Maniobra de aproximación, tráiler detrás, y ¡zas! Entrada en picado hacia la gasolinera…

La primera impresión que me lleve de esa gasolinera fue un vehículo semi abandonado, rejas puestas y una dejadez desoladora. ¡No me jodas que estaba abandonada! Al acercarme al surtidor intuí una presencia detrás de mi, paré la moto, no el motor, y miré por el retrovisor antes de disponerme a bajar…

La imagen era algo parecido a esto; (Imagen ficticia… No me dio tiempo a sacar ni la reflex ni la GoPro)

Gasolina

Sí, un perro. Ni más ni menos. El can de tamaño medio había salido de uno de los laterales del edificio y corría hacia mi como alma lleva el diablo. ¡ Joder pensé! ¡ Mierda! Amistoso, asesino, mordiscos, lametazos, besos… Yo que sé que intención llevaba el chucho ese, la cuestión es que corría hacia mi sin control.

Metí primera y aceleré, ni tan solo me llegué a percatar si llegó a mi altura o no, no ladraba, y ya saben lo que dicen, perro ladrador poco mordedor. Rebasé los setos y en segunda salté a la autopista gas a fondo. Como os contaba antes en algunas no hay carril de aceleración, así que me tiré al carril derecho sin visibilidad alguna y sin pensar mucho en los posibles trailers o coches que por ella circulaban. Por suerte para mi el que venía estaba aún muy lejos. “No es mi hora pensé”.

Seguí por la autopista con el range de la moto marcando “—–” hasta que pasados cinco kilómetros se me apereció una gasolinera Europea.

Es curioso como te puede cambiar un viaje en cinco kilómetros…

¿Verdad?

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