Ignorancia

Ignorancia. Cuantas veces habremos oído esta palabra que generalmente va acompañada de, “Eres un … “

Pues reconozco que soy uno de ellos en muchas cosas, en otras, he leído o me he informado para minimizarla. Hace unos meses un experimentado viajero me explicaba de las dificultades de viajar cuando no había la moneda única, el Euro. Me contaba como tenía que llevar varias bolsas con la moneda de cada país y de la obligación de ser rápido al hacer los cálculos del cambio so pena de ser engañado o estafado por los ávidos lugareños.

Caramba pensé, nunca me había preocupado en eso. Europa me había dado la oportunidad hasta la fecha de hacerlo casi todo en Euro, y África, al quedarme a las puertas de Mauritania, no me dejó pensar más allá del dírham.

La falta de información nos hace ignorantes, eso nos crea desconfianza, y esta nos puede llevar a ser temerarios.

Ignorancia; En mi último viaje por Europa Central creyéndome lo que no soy, un viajero en moto experimentado, obvié consultar que países por los que iba a pasar no utilizaban el Euro. Mi don de gentes, ejem, ejem, mi corta experiencia, y en la mayoría de los casos el morro que le meto en algunas circunstancias me habían sacado de algún apuro en el pasado por no llevar la moneda del país. En otras valía con hacerme el tonto, poner cara de haba, y soltar un “no entiendo”, “not understand”, “no money”.

Temerario; Para mi el peor enemigo de un viajero. Ser precavido, discreto o cauto por muy experimentado que te sientas te ayudará más, y la información es clave en ello.

Cuando la ignorancia da paso a la temeridad puedes pasar un mal rato, allá donde estés.

Andaba yo en el Raqpart, uno de los locales de moda de Budapest a la vera del Danubio. Una terraza de madera bajo el puente de las cadenas y frente a los barcos restaurante del río. Sin internet y con la conversación de varios Españoles que andaban haciéndose las típicas fotos. Reconozco que me hice el interesante, cierto, cuando uno aparece con una moto en un lugar de estos se convierte en el centro de atención por unos segundos.

A esas alturas ya hacía unas horas que andaba por la ciudad que me recordaba a mi Barcelona o a Madrid, mientras mi sensación de seguridad me tele-transportaba al status de experto viajero. Hacía rato que había sacado unos 3400 HUF en un cajero de la zona, y ya había catado dos o tres cervezas por bares del “interior”.

  • What do you want to drink?
  • A beer
  • National?
  • Yes

El camarero, un joven húngaro que hacia las gracias a las escotadas cuarentonas me trajo mi cerveza. Pasado un rato pedí la cuenta, nine hundred. Le di un billete de 1000 HUF sin inmutarme. Tres minutos, cinco minutos, diez minutos y el camarero no venía con el cambio. Pasó dos veces por el fondo de la barra y lo busqué con la mirada, me pareció ver que me la devolvía a la vez que me ignoraba…  ¿Como?

Justo allí empezó a actuar la ignorancia que dio paso a la desconfianza, de allí a la temeridad hay un paso. Más a un en mi persona, que tiene un poder especial en atraer situaciones rocambolescas.

¿900 HUF pensé? ¡Me faltan 100 HUF de cambio! Menudo robo, acabo de pagar 450 HUF por una cerveza en un bareto y el húngaro este me la quiere meter. ¿Se piensa que soy gilipollas o que? Un viajero como yo, un experimentado del viaje en moto, este me ha confundido con un simple turista. ¿Pero que coño se ha creído este pájaro?

No tenía una carta a mano para consultar el precio y para colmo le había dado un billete de 1000 HUF. ¿Cuanto era eso al cambio? Veinte euros, cincuenta euros? Ciego, no caí en consultar el resguardo del cajero, tampoco tenía internet para ver a cuanto subía la estafa. Eso me creaba aún más desconfianza que daba rienda suelta a la temeridad. Menudo hijo de puta, me estaba estafando 550 HUF.

Harto de esperar me levanté y fui hacia la barra en su búsqueda mientras el schuberth fosforito, mis ciento noventa centímetros de altura, y mi brusquedad al levantarme de la mesa llamaron la atención de la media terraza que tenía más próxima, la otra media ya no fue culpa mía, ya que se giró por culpa de la primera media.

  • Where is … Joder,  ¿ Como se decía camarero en inglés ? ¡A tomar por culo!
  • Where is mi change? Mi money? Me cago en todo lo que se menea… Y ya seguí jurando en un arameo exquisito, castellano.

Los camareros y camareras de la barra asistían atónitos a la mala leche de una bestia motorizada, lo pude ver en sus ojos. Imagino que me entendieron por qué no dudaron un segundo en llamar al garçon de mi mesa.

  • Where is mi change? Mi money? ¡Thief!

El joven camarero no daba crédito a la vez que no entendía una sola palabra de mi inglés, cierto es que no lo entiendo ni yo. Su cara era un poema, I’m sorry, I’m sorry repetía, a la vez que se dirigía al de la barra, quién parecía ejercer de responsable.

Esa cara seguida del I’m sorry, despertó al instante mi sabiduría y experiencia viajera, hasta ese momento, alejada por la ignorancia que yo mismo me había provocado. Piensa. Estas en una terraza junto al Danubio, la cerveza bien puede valer 300 o 400 HUF más que en un bareto del interior, es una birra coño, que puede costar con servicio de terraza, cinco, ocho, diez euros a lo mucho.

¿Álex, piensa, por cuanto la estas liando coño?

El camarero me devolvió cien florines, 100 HUF, pero ya era demasiado tarde. Para no quitarme la razón en mi ya auto reconocida ignorante temeridad los deje a mala leche encima de la barra con toda la soberbia del mundo mientras movía mis huesos hacia la moto disimulando mi estado avergonzado, me puse el casco y me fui.

Ya en la moto me volvió la lucidez del cálculo, 1€ equivalía a 319 HUF. La cerveza en el Raqpart me había costado 2,87 €, y monté un pollo de órdago por 32 céntimos de euro, o 100 florines, como queráis decirlo. Toda una temeridad en un país extranjero, suerte que era Budapest, una ciudad acostumbrada al turismo y al turista gilipollas como yo, en otro lugar lo hubiera podido pagar muy caro.

A punto estuve de volver para pedir disculpas, y me arrepiento ahora de no haberlo hecho. Pero mi parco inglés hubiera podido complicar mucho más las cosas, así que era mejor no dar segundas oportunidades a mi suerte.

Seamos cautos y prudentes a la hora de viajar, informémonos antes de ir a un lugar sobre su lengua, su cultura, sus costumbres y forma de vida, pues la verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos, sino el hecho de negarse a adquirirlos.

Si me llegáis a leer, mil disculpas Raqpart.

Compárteme...Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInEmail this to someone

3 pensamientos en “Ignorancia”

  1. Hola Alex ! Aquí otro Alex motoviajero.
    Yo viajo con una aplicación ofeline
    Qué te da el cambio de todas las monedas.
    Te será muy útil. Pero confieso que he tenido experiencias parecidas jajajaja !
    A rodar!!

  2. La veritat és que tenim tendencia a pensar malament….
    Sort que després podem riure i apendre d’aquestes experiències.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *