Andrássy

La Perla del Danubio, Andrássy Bisztró

La Perla del Danubio, Andrássy Bisztró. Entrar en la ciudad más poblada del Centro – Este de Europa no es tarea fácil.

Al salir de Deva por la mañana mi destino era tan confuso como incierto, me apetecía todo y nada. Lo único que tenía claro era la dirección, oeste. Pasados unos cientos de kilómetros aparecía el primer cartel que llamaba mi atención, Timisoara, seguido, un sin fin de destinos que traían olores y sabores de antaño, Belgrado, Zagreb, Sarajevo. Estaba cerca y a la vez muy lejos de todo. ¿Y si volvía a intentar pasar por Srebrenica? En cada cigarro, en cada repostaje, en cada parada miraba el mapa para decidir hacia donde debía ir. Esa había sido la tónica y el sentido de ese viaje en moto, decidir casi al instante y sobre la marcha donde ir. Esta vez el abismo estaba en Szeged, ese era el límite para dilucidar.

Mientras rodaba por la M43 y a pocos kilómetros de Szeged apareció la bifurcación Zagreb – Budapest. La autopista era muy ancha y me permitió cerrar los ojos para dejar que resolviera la moto, mi subconsciente, mi idiotez o mi alter ego. A priori y sobre el papel subir dirección norte hacia Budapest para volver a bajar al día siguiente dirección sur se me antojaba una estupidez. Admito que hice trampas y abrí un ojo para no pegármela, entretanto, la gordita ya rodaba dirección la Perla del Danubio. Al parecer soy capaz hasta de llevarme la contraria, pensé entre risas.

¡Zasca en el antebrazo! El camión que rodaba en mi precedente había hecho saltar una piedra o un cristal que había entrado por la manga de mi traje al conducir sin guantes.  Pasados unos segundos noté algo de calor y dolor en la zona, y… !Zasca por segunda vez! ¡Bichooooooo! ¡Picotazo! ¿Abeja o avispa? Mi mano izquierda estrujó varias veces el antebrazo derecho con fuerza, fuera lo que fuere, debía morir. Pasados unos kilómetros me saqué la chaqueta, la Abeja Maya aún vivía.

La Perla del Danubio, Budapest, se me presentaba como Madrid o Barcelona en agosto, vacía, sin mucho tráfico y llena de turistas como yo.  Las consultas en booking sobre hoteles eran vanas e improductivas, o estaban llenos, o lejos del centro, o eran extremadamente caros. A la sombra de una calle de Buda conecté con los 15 minutos gratuitos de wifi turístico. Al tiempo, un rebaño organizado salía de un “typical restaurant Húngaro”.

Una rubia con voz cantante recitaba el “No tienes ni puta idea” que rezan mis maletas, su esposo, por no ser menos, descodificaba la matrícula para sentenciar, “es Español”. Sin muchas ganas de hablar y a fin de llevar la contraria para posicionar mejor a la rubia, mucho más guapa que el barbudo de su marido, solté con acento guiri un “no mucho entiendo, i’m inglish but vivo Spain”. La rubia resolvió con un, “ya decía yo, tan alto y tan rubio no podía ser Español”. Un avispado y secundario actor del grupo buscaba mi mirada para seguidamente descojonarse de la risa. Déjalo ahí pensé, sin buscarlo ya me había convertido en la nueva atracción turística para el animado rebaño.

Acalorado, cansado y sin muchas alternativas recalé en el Six Inn Hotel Budapest Centrum, en el 85 de Rózsa St, allí un amable recepcionista me apuntaba en un plano los puntos neurálgicos de la ciudad mientras me daba una ducha. A primera hora de la tarde salía dirección la majestuosa Plaza de los Héroes con un merecido y auto concedido permiso para colarme y meterme donde quisiera, me sentía con licencia 007.

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A los pocos minutos y como suele ser habitual en mi estaba harto de edificios y monumentos que requieren de varias horas para ser valorados. Hastiado y sin saber muy bien que hacer decidí irme a la avenida Andrassy a vacilar de BMW ante tanto Ferrari, Diablo, Bentley y rubias de postín. Dicha actividad tampoco me sedujo. Para no perder comba acabé sentado en una terraza de la zona pija agarrando una de 500 al tiempo que un cuarteto de treintañeras se sentaban insinuando sus filamentosos tangas bajo telas de Louis Putón o Guzzi’s Club.

¿Que pecado había cometido para semejante tormento?

Percibí una mirada furtiva de la rubia treintañera y caí en la cuenta, en lugar de mis prendas de Ermenegildo Zegna, Burberry o Roberto Cavalli aquella tarde había decidido vestirme con Roberto Naverias.

Con una cerveza de más por culpa de no haber retrasado el reloj en la zona pertinente regresé al hotel. Sin muchas expectativas de éxito pero confiado por el buen hacer del recepcionista le espeté, ahora si, en un exquisito y refinado inglés gracias a las de 500 un lugar donde ir a cenar. Una temeridad que nunca se debería hacer so pena de perder hasta la vergüenza, llamarme riesgo, Andrássy Bisztró respondió. Pues bien, a veces, y en muy pocas veces entre tanto turisteo tienes la suerte de recaer en una alma candida. Ni el nombre del restaurante ni su situación en la avenida Andrássy se me apetecían gusto de mi bolsillo, pero ya era muy tarde y las opciones del ir andando no eran abundantes.

El Restaurante se me aparecía en un fachada antigua con dos puertas semi abiertas, sencillas mesas redondas de duo galardonaban el exterior. La camarera, una Húngara morena de mediana estatura aceptó el flyer del hotel con una sonrisa que en ese momento me pareció maquiavélica, ¿Inside or outside? Inside please. Los precios de la carta estaban en Fotintos Húngaros y mi orgullo ante la mirada ajena no andaba para ejercicios de cambio de moneda, me la jugaba a todo o nada.

Las percepciones de un país, de una región o de una ciudad nos pueden llegar de mil formas, para mi, la mejor forma de recabar dicha información reside en la gastronomía. Hungría, la Perla del Danubio, Budapest, su avenida Andrássy, su plaza de lo héroes, sus castillos, palacios y parlamentos, sus rubias y morenas de postín, sus ferraris y las podredumbres varias se me antojaban como un…

Paprikas csirke tojásos galuskaval golondiaran acompañados de un caldo Szekszardi. O lo que es lo mismo, un pastel de pasta de huevo acompañada de un estofado de pollo aderezado con una mezcla de cebolla, pimiento, cebollino, iogurt, salsa de vibo y algo de tabasco, todo ello, acompañado de un caldo cabernet sauvignon de la zona.

Por suerte esa noche cené en casa. Por caer en gracia más que por ser gracioso, gracias a una sonrisa a tiempo recibí una copa de caldo extra más un typical chupito al brindis con el chef. Un sin fin de sabores y experiencias difíciles de explicar, y que como siempre digo, requerirán que las viváis por vosotros mismos.

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2 pensamientos en “La Perla del Danubio, Andrássy Bisztró”

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