Los gritos de Srebrenica.

Srebrenica
Uno andaba entre copas y noches cuando en 1991 estalló la guerra de Yugoslavia. Alumno interesado por la política y la historía tuve la suerte de tener a un gran maestro, mi abuelo. Ese hombre aguantaba una y otra vez las acometidas preguntas obcenas que le hacía un mocoso sobre la guerra civil Española. Él, nunca me satisfacía con sus respuestas. Como mucho, con los ojos humedecidos me respondía;- Nos matábamos entre hermanos. Todos hicimos cosas horrorosas, los republicanos tambien, pero esa guerra no la empezó el pueblo, lo hicieron unos locos intolerantes.

La guerra de Yugoslavia

Era la primera vez que Europa asisitía a la experiencia de una guerra televisada. Cadáveres, fusiles, tanques, niños, mujeres, militares, snipers. Me sorprendía la imagen de los cascos azules paseando arriba y abajo con sus tanques mientras se seguian cometiendo asesinatos. ¿Me preguntaba si nadie podía parar eso? ¿Que hacemos allí pues? ¿Quien eran los buenos y los malos? ¿Eslovenia y Croacia por hacer uso de su derecho a la independencia reconocido en la constitución Yugoslava? ¿Serbia buscando una “Gran Serbia como aquella asquerosa “Grande y libre”? ¿O eran los que siempre han salido como los malos de la película en nuestros libros de historia, llamados tambien musulmanes?

Quien eran los buenos y quienes los malos en esa cruel guerra a pocos kilómetros de mi casa.

El Genocidio de Srebrenica

Cuenta la historia que hace nueve años un general Francés tranquilizaba a la población de Srebrenica megáfono en mano comunicándoles que se encontraban en una zona de seguridad de la ONU y que allí no les pasaría nada.

Horas más tarde, los escorpiones, una facción paramilitar del ejercito Serbio entraba en Srebrenica para durante tres días provocar gritos violados y sollozos de huérfanos. Asesinando a ocho mil personas entre hombres y niños. Todo ello ante la mirada impotente y esteril de cuatro cientos Holandeses ataviados con un casco azul y un subfusil silenciado por la comunidad internacional.

Corría el año 1996 cuando mis padres y mi hermana andaban convenciendo a mi abuelo para que hiciera un viaje. Sería el último. Un año más tarde moriría. Un hombre que por aquel entonces ya vivía cansado, callado y fatigado de una vida llena de penurias, mentiras y obligaciones no deseadas. Un hombre que había sobrevivido en una España Serbia marcada por el odio entre hermanos, una España intolerante con quien hablaba o pensaba diferente.

– ¿Por que se matan abuelo?
– Porque unos no aceptan que otros hablen otra leguna, o tengan otra religión, o simplemente no quieran pertenecer a esa comunidad.

Mi abuelo decidió ir a la ex-yugoslavia. Podía haber ido a cualquier otra parte o incluso haberse quedado en casa, pero no, el quiso ir a visitar la Srebrenica de post guerra como aquel que quiere revivir en otro teatro su segunda función macabra. A su vuelta. Unas palabras se grabaron en mi mente.

– Han hecho lo mismo que hicieron aquí. Se han matado entre hermanos por culpa de unos locos intransigentes.

1998 y mi solicitud para ir en un convoy de ayuda humanitaria a Bosnia como conductor de uno de los camiones estaba entregada. Por desgracia y pena mía no fui seleccionado. Siempre he pensado y he querido regalar al menos un mes de mis vacaciones anuales para ayudar a los demás. Y ese era un buen momento que no pudo ser y deberá esperar.

Fue en 2010 cuando pisé Eslovenia, Croacia, Bosnia y Montenegro. Un año ayudando a mi hermana en su agencia de viajes compaginándolo con mi trabajo mereció ese premio. Por contra, ese viaje no acabaría de cumplir mis espectativas y satisfacción. Era un viaje organizado para Repsol, para turistas, para hombres y mujeres que huyen de mezclarse con los nativos, les da miedo. Gentes que van de viaje como el que va al zoo para sacarse una foto y ver la fauna desde la valla.

Un pueblo. Una casa. Una pared manchada por agujeros de proyectil de algún tanque Serbio M-84. Mis ojos se abrían y mis pupilas se contraian intentando centrar el objetivo. Mi piel se tensaba a la vez que se extremecía.

– ¿El autocar no aflojaba la marcha? ¿Tata, no paramos?
– Aquí no hay nada Alex, vamos a los Lagos Plitvice.
– ¿Que no hay nada? Incultos, ignorantes. ¡Mierda! ¡Hay historia! Aun se podían oir los gritos asustados, los silbidos de las balas, la gente corriendo atemorizada. Los niños llorando a sus madres o los hombres a sus esposas. Ojos de ancianos proyectando la dureza de lo vivido. ¿Como que no hay nada? Es el mejor libro de historia que uno puede ojear. Es vida. Un espejo donde todos nos deberiamos mirar para aprender y crecer. Revivir y reflexionar sobre lo que nunca debería haber pasado y no debería volver a pasar.
– Aquí no hay nada, vamos a los lagos Plitvice.

Miré a mi alrededor para entender las cosas y quien me rodeaba. Claro que sí, todos jugaban con sus teléfonos o dormian. Solo algunos, muy pocos, miraban como yo en silencio las marcas de la locura humana. Iros a New York de compras, pensé. Ese es vuestro sitio. En la parada para comer, alguien se quejaba de que el pollo estaba muy hecho, seco decía. ¡Seca esta tu mente! Volví a pensar.

Solo hubieron dos cosas que me llamaron la atención de ese viaje organizado para cazadores de consumo. La primera la de una mujer croata, guia de Dubrovnik, explicándome con lágrimas en los ojos como una noche, mientras cenaban con su marido y sus hijos, empezaron a caer bombas sobre Dubrovnik.

– Alex. Cayeron más 2000 bombas en una noche. Fue aterrador. Pensabamos que ibamos a morir. Los Croatas de Dubrovnik estábamos mas o menos tranquilos porque sabiamos que nadie iba a permitir que bombardearan una ciudad Patrimonio de la Humanidad. No fue así. Lo perdimos todo porqué la humanidad nos abandonó. Nadie defendió a la Perla del Adriático. Ahora, Dubrovnik no es nuestra. Fue reconstruida con dinero Aleman y Americano. El capital es de ellos, nosotros solo trabajamos para ellos, somos pobres.

La segunda vino de manos de nuestra guia personal Iva Tomic. Ella fue quien me dió una visión de la guerra de Yugoslavia diferente, real, joven. Sí. Como ya me había dicho mi abuelo. Se mataban entre hermanos y nadie sabía bien el porqué.

La decisión de modificar mi vuelta en solitario.

Hace unos meses mientras mi dedo recorría el plano resiguiendo la ruta de la Trail Süleyman el Magnífico hacia Turquía una palabra llamó mi atención. Srebrenica. Sin quererlo me vi una vez más envuelto en la lectura de la guerra de Yugoslavia. ¿Que hay allí que tanto me atrae?. Sí, así se lo comunique a Roberto hace unas semanas. Había decidio que mi vuelta de Turquía la haría por Macedonia, Kosovo, Montenegro, Serbia y Bosnia y Herzegovina. Decidí acabar esta moto/aventura solo, en Srebrenica, en el cementerio musulman de Potocari, en silencio y con respeto hacia lo allí vivido.

Es curioso que hace unos días, mientras comía en casa y por caprichos del destino Bosnia volvió a entrar en mi comedor. Después de haber decidido volver a esa zona me aparece en forma de catástrofe humana. El destino se vuelve a cebar con tres paises muy maltrechos, y claro está, con mi mente, mi consciencia y mi responsabilidad, ahora, llena de dudas. ¿Que hago?

Riesgos de epidemias por los animales muertos, carreteras y infraestructuras destruidas, más de 300.000 minas antipersonas moviéndose en silencio como aquellos soldados llamados “escorpiones” en busca de niños, mujeres y hombres que aniquilar.

¿Como puede ser que la comunidad internacional haya dejado pasar el tiempo sin retirar esas minas?

Asco de políticos y responsables que no se responsabilizan de nada más que sentar su maloliente culo en la butaca de primera de un avión Europeo. Asco de sociedad que no perdemos ni un minuto en pensar en que problemas tiene nuestro vecino y si podemos hacer algo por ellos.

Asco de aquellos que juran matar o someter a quienes no hablan su idioma o piensan como ellos.

No se que debo ver o vivir allí, ni que experiencias o lecciones debo aprender. Y me pregunto una y otra vez porqué mi cabeza o el destino me quieren llevar a Srebrenica. Está claro, que a mi, ir de compras a New York no me llama.
Lo decidiré a mi vuelta, cuando pise Grecia volviendo de Turquía acordaré si debo o no debo ir.
Ayudemos ahora que podemos, no les fallemos otra vez.
Mi amiga Iva Tomic comparte desde hace días en su muro de facebook varias formas de ayudar a los damnificados. Y con mucho gusto pierdo las horas de este texto para aportar mi granito de arena a ayudar a mis vecinos.
Si te gusta y crees que puedes perder unos minutos para ayudar a los demás. Compártelo.
Ingresos para ayudar a Croacia, Bosnia y Herzegovina y Serbia.
IBAN HR6923400091511555516
SWIFT: PBZGHR2X
Número de referencia:
08 para Croacia
05 para Bosnia i Herzegovina
07 para Serbia
Compárteme...Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInEmail this to someone

2 pensamientos en “Los gritos de Srebrenica.”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *