Otra visión de Bosnia. De Sarajevo a Zadar.

A las diez de la noche me retiraba a casa, pero al llegar, Sasha me estaba esperando.

– Nos vamos a ver el partido al barrio Turco.
– Ok

Cuando llegué a Sarajevo me enteré de que Bosnia se había clasificado para el mundial de fútbol, todo el país se bestia de gala para semejante evento. Salimos y después de dar varias vueltas, Sacha me metió en una especie de recinto privado de una asociación, allí bebimos cerveza y celebramos el gol de Bosnia. La camisa con las webs y los esponsors llamaba mucho la atención, demasiado, y acabé respondiendo a preguntas en ingles en una entrevista para alguna televisión local, con una pedazo cámara para mi solo. Uaaaaaauuuuuu….jajajajaja.

En ese recinto vi a otra Sarajevo, a otra Bosnia. Amela ya me lo había insinuado, los impactos de mortero en las fachadas y edificios eran invisibles para ella y para el resto de la juventud. No tardé en sentir esas miradas de complicidad de las que hablaba Roberto Naveiras, la gente buscaba mi mirada y se entablaba ese gesto de complicidad, aceptación y gratitud, otros, iban más allá y levantaban el dedo pulgar. Algunas jovenzuelas miraban algo más interesadas, será que uno aún está de buen ver.

Hay que decir que me sorprendió algo de las mujeres Bosnias. Son muy guapas, pero mucho. A las tres nos íbamos a la cama con muy buena conversación.

Esta mañana, me he levantado y me he puesto en marcha. Mi primer objetivo era el Tunel de la Vida, llovía otra vez, y cuando llueve todo se hace más pesado. Me he plantado delante de él, y en silencio le he dado las gracias, continuando mi camino a Mostar.

La carretera que va de Sarajevo a Mostar era la carretera por donde llegaban todos los suministros a la ciudad, la famosa carretera donde podíamos ver a los cascos azules españoles en acción. La carretera es preciosa y transcurre junto al río Jablanicko, llegando a una amplitud considerable, pero llueve, y el asfalto de las carreteras Bosnias parece cristal, brilla, no desagua bien y hay las clásicas carrileras producidas por las ruedas de invierno. Al entrar en un túnel, han rallado el asfalto y la moto no va por donde yo quiero, va guiada por esas marcas en la carretera, algo que se hace incomodo y pesado, requeriendo toda mi atención en la conducción en contra del paisaje, y eso me cabrea.

Llego a Jablanica y me paro en el primer semáforo, una mujer que espera para cruzar me mira y sonríe, devuelvo el gesto asintiendo con el casco. Pero en Jablanica algo más me llama la atención, una locomotora con un vagón justo después de un puente derruido, al lado, el Museo de Jablanica. Me paro en una gasolinera y consulto el Iphone, pero eso no va bien, una niña de no más de dos años acompañada de su abuela y una amiga, me saluda con la mano, la abuela, le pide que me tire un beso, no duda en ello, y como es lógico se los devuelvo. Ahora se hace la vergonzosa.

Continuo por era carretera llena de historia y marcas del pasado, y llego a Mostar, visito el famoso puente y la Plaza España, donde está el homenaje a los soldados Españoles caídos en Bosnia. Llueve, y me empiezo a cabrear mucho, no estoy disfrutando de esos kilómetros, y será difícil volver algún día. Fruto de mi cabreo me equivoco de carretera y voy hasta Metkovic, me doy cuenta cuando llego. El río Neretva se muestra imponente en esa zona.

En Metkovic me meto en la autopista hacia el cielo, sí, una obra de ingeniería que asusta. La autopista salta montañas y sube laderas a su antojo, en alguna ocasión, las nubes quedan por debajo de mi tapando cualquier visión, sigue lloviendo y aparece el viento, algo habitual en esta zona. Por fin llego a Split, y voy directo a sentarme donde hace dos años, me tomaba una cerveza, y me sienta de maravilla hasta que me doy cuenta de que tengo que volver a coger la moto para ir a Zadar, en Split no sale ferry a Ancona.

En el camino de Split a Zadar me cae la de dios, una lluvia intensa que hace relentizar la circulación de coches y camiones hasta los ochenta por hora, soy consciente de que mis neumáticos están en las últimas pero al mirar por el retrovisor los veo desaguar y dejar la rodera, no aflojo la marcha ni bajo de cien.

Al fin Zadar, billetes, una cerveza, una cena “light” y embarco con más sueño y cansancio de lo normal. Hay algo de lo que me he dado cuenta en este viaje, ya no me fijo en los ronquidos de los demás, duermo, duermo, y duermo, en el suelo o en una silla, que más da.

Kosovo, Serbia, Croacia y sobretodo Bosnia llegan a su fin, estoy feliz por comprobar la capacidad de los Bosnios para entender, superarse y volver a construir un país de la nada, del derrumbe, de las piedras.

Ahora, si cabe, entiendo aún más esas palabras de mi abuelo, han hecho lo mismo que hicieron aquí.

PD: En Sarajevo una chica con publicidad de una asociación me pidió una ayuda, no le di dinero, pero a cambio le prometí poner su enlace aquí pero no lo encuentro: edukacijsko rehabilitacikski cebar “duga” novi travnik

 

 

 

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