Quim Font Anglès. El último viaje de un hombre bueno

Último viaje – Escrito publicado el 03 de marzo de 2014

Si os digo que hace mas de tres años que me armo de valor para escribir esta crónica no os lo creeréis, bueno, Pilar Cuesta, Marc Font, Quimet Font, mi mujer y alguno más seguro que si.

Todos hemos conocido alguna de esas personas que pasan por la vida con un arte caballeresco, y Quim Font Anglès fue una de esas personas.
Siete de la mañana, Can Vicenç, en la arterial calle Barcelona de Salou. Nuestro lugar de salida había cambiado de hacía poco, ya no era el Café Fuel algo dejado a causa del descontrolado vicio nocturno. Jose Florez, Verónica, Ramon Gil, Quim Font y un servidor nos encontrábamos una vez mas para realizar una aventura de 2 días. Salou – Andorra pasando por Carcassonne y entrando en el “principat” por la parte Francesa.

Nadie sabía en ese momento que ese sería el último viaje de Quim Font Anglès…

– Jose Florez, el coletas, es uno de esos que pasan sobradamente de los cuarenta. Su cuerpo delata un pasado “racing”, antiguo miembro de ASES y muy fiel a sus convicciones y creencias.

– Verónica era la compañera de Jose por aquel entonces, mejicana guapa sorprendía por su valor y confianza. Algo loca por depositar su vida en manos de Jose.

– Ramón Gil era uno de los últimos en llegar al Motor Club Salou, discreto y bondadoso por aquellos tiempos andaba flirteando una bella doncella, años después sellaría su amor con un retoño.

Quim Font yacía sentado a nuestro lado con su café, bueno, mientras nosotros nos tomábamos un cortado él era capaz de tomarse varios cafés. Escuchando las batallas de unos y otros siempre con una media sonrisa dibujada en su redonda cara que delataba una y otra vez un, si yo os contara criaturas. Sus recuerdos de años mozos le sobrevenían a su mente, lo sé, me lo había dicho pero en esos espacios él no soltaba prenda de esos por menores.

La mañana era fría y amenazaba lluvia. Antonio aparecía en escena sin avisar con un chubasquero para Verónica a la vez que se tomaba un café con nosotros, bueno, todos tomábamos café menos Ramón, Ramón almuerza una cerveza bien fría. ¿Es un borracho? No coño, se toma una y punto.

Antonio, mas jodido que contento, se quedaba esta vez en dique seco, solo viajaría su chubasquero, bien pensado y conociéndolo, seguro que ya se habría buscado alguna desconocida sábana de raso para perderse esa noche y olvidar la jodienda.

La gordita apenas contaba con seis meses de vida, y como ya me había pasado con otras monturas aún no había rodado en mojado. Si, creerlo, tenía esa extraña sensación de que nunca conseguiría rodar en moto bajo un diluvio, cada vez que me iba de viaje salía el sol. Pero ese día vaticinaba algo diferente, ese fin de semana llovería, estaba seguro de ello.

Puntualmente, o no, salimos dirección a la junquera por la autopista. Podíamos haber ido por el interior o por la nacional 340 pero eso hubiera requerido dos días más.

Saliendo ya de Barcelona por la C-33 empezó a llover, bueno, a llover no, el diluvio empezaba a mascarse. ¡Por fin! A rodar en mojado. Me puse primero, a tirar del grupo, dios, que placer, llovía a cántaros. El agua caía sobre el asfalto y provocaba esas olas fruto del escaso desagüe de la carretera. Las gotas jugaban y corrían a perseguirse por la pantalla del casco. Uno notaba como la rueda delantera iba pesada, le costaba desaguar todo aquel líquido. Las puntas de las botas tenían la llamada, una y otra vez, del salpicar de las gotas. Gotas que salían despedidas por la rueda delantera. Lo siento chicas, una u otra se ha de quedar fuera, no hay sitio para todas, pensaba yo.

Primera parada, área de servicio de… No lo recuerdo, no si fue Riudellots de la Selva o Porta Catalana, antes no tomaba notas en mis viajes, tampoco hacía muchas fotos como podréis comprobar, solo rodábamos y rodábamos.

Al bajar de la moto hice el habitual chequeo de personal, Ramón iba algo asustado, o al menos así lo delató su… !Quin aiguat que cau nen!. Jose Florez andaba como siempre, él ya había viajado con anterioridad en esas condiciones. Solo su pierna mostraba la visagra algo oxidada, pero así, también andaba, andando no, en moto. ¡Vaya que si andaba!.

Por su parte, Verónica se mostraba mas resignada, se iba a mojar, sí o si, y ella eso ya lo sabía. Y a Quim Font se le veía cansado, muy cansado, creo recordar que se había dejado el chubasquero en Salou, y apenas llevaba ropa de abrigo en esa mini bolsa sobredepósito. No decía mucho por no decir nada, como siempre me buscaba con la mirada para darme su aprobación, claro está, yo se la devolvía en muestra de confirmación.

Por contra, yo estaba inconmensurable, esa situación me gustaba, por fin había rodado con la gordita en mojado, que digo, bajo un diluvio. Su comportamiento era “brutale”, daba seguridad y te permitía aguantar una velocidad aceptable bajo esas condiciones algo adversas. Adelantaba a los coches que no gozaban pasar de ochenta como un corcel blanco pasando al lado de lentos carruajes. Clocloc, clocloc, clocloc oía yo en lugar del bruuuuuuuuummmmmmmm.

Siempre que voy en moto y adelanto a un coche tengo la misma sensación, yo nunca me pregunto a donde irá, en cambio, sus caras delatan la curiosidad de mi destino.

De Perpiñan a Narbone la lluvia cesó y arreció el fuerte viento lateral, eso ya no me gustaba tanto, odio el viento cuando ruedo con la moto. El día y la conducción empezaban a pesar como losas, deciros lo contrario sería engañar.

Llegamos a Narbonne y viramos hacia a izquiera por la A61 dirección Carcassonne. Sin quererlo, planearlo, prepararlo o hablarlo, el instinto, el azar o el destino puso el intermitente hacia el área de reposo de Pech-Loubat. En ella nos encontrámos el monumento a los Cátaros.  

Quién me iba a decir a mi que tres años después, esa parada casual, esa foto con las tres monturas /… Esperar, os recuerdo que Ramón siempre va a su ritmo biológico, tanto, que no llegó para salir en la foto. …/ Pues eso, retomando el tema. ¿Quién me iba a decir que esa parada y esa foto encontrarían su lugar en la gloria de un simple blog.


Los Cátaros era conocido como un pueblo bondadoso, pacífico y bello, también se les conocía como los “Hombres Buenos”.

Después de unos minutos de charla, los mismos que cigarrillos nos fumamos, continuamos ruta hasta Carcassonne.

 
 
Las fotos de Ramón siempre son una historia a parte, pues eso, para otro día.

Ahí estábamos, en la falda de uno de los Castillos mas bonitos y mejor conservados de la zona. Aparcamos las motos y nos propusimos a subir por el empedrado que da acceso al Castillo., pero un, “Alex, jo no pujaré”, me hizo girarme hacia Quim.

– ¿Como? ¿Que no subes? ¿Porqué?
– Alex, no puedo, si subo ahí me ahogo, me dijo con un cigarrilo en la boca.

Aún ahora no soy capaz de identificar el motivo, pero me molesta, me enrabieta, me hace poner de mala leche cuando alguien se pierde algo que para mi tiene un valor o interés especial, el día había sido genial, la ruta, la lluvia, la compañía, las paradas. Joder. Y ahora Quim no quería subir a ver el castillo?

Posiblemente, mas cuerdo que yo, hacía lo que debía. No es que no quisiera, no podía. A menudo pasa, uno quiere hacer algo, pero no puede, simplemente, no puede.

– Alex, me quedo aquí y vigilo las motos.
– Ok Quim, lo entiendo.

Pues no se hable mas, Ramón, Jose, Verónica y el menda enfilamos el pasillo del tiempo que nos iba a transportar por unos minutos a una época que siempre me inspiró valores como el honor, la libertad, el valor… Eso si, en mis sueños, los que tenía sobre la época, siempre era un caballero, nunca quise ser ni rey, ni pobre.

Algunas fotos, mas de un ahogo, madre mía, solo pensar que esos hombres se movían con mas de cincuenta kilos de acero en el cuerpo te daba una idea de su fortaleza.

Después de visitar la fortaleza tocaba darse una vuelta por Carcassonne, así, en el papel de escudero de caballeros que me había asignado me puse en marcha. Puse el tomtom sin destino fijo y empezamos a rodar por las afueras de Carcassone. No me digáis como, será que nos llaman a gritos, la cuestión es que acabamos en una carretera serpenteante que rodeaba la población. Y claro está, con Florez pisándome los talones nos trasladamos rápidamente a Hungaroring. Tiqui Taca Tiqui Taca. ¡Ojooooooooooo!

De pronto mis ojos se abrieron como… Si, como platos, no he encontrado otra expresión, que le vamos a hacer. ¡Dios mío! Según mi navegador, después de esa curva que estaba negociando con la oreja pegada al arcén se acababa la carretera. ¡Mi carretera terminaba! ¿Allí mismo?

Pues si, la línea roja de la pantalla finalizaba en otra totalmente perpendicular. No marcaba por donde seguir, ni curva a la derecha ni curva a la izquierda, fin, finito, se acabó, no hay mas.

¡Frenaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, que te estoy avisando melón!

Aún tuve tiempo de pensar en hacer un giro suicida de noventa grados a la derecha o por contra hacer lo mismo con su gemelo, el de la izquierda, dejando mi suerte y mi vida a la menos que probable soledad esa carretera.

Por suerte, mi instinto reflejo y coherente hasta la fecha optó por tirar de la palanca y del pedal de sooooooooooooooooo cabaaaaaaallo. Grité a mis pastillas de freno y desperté al siempre aliado ABS, reincorporé el cuerpo, abrí los brazos y los endurecí, también erguí los hombros en un intento de que mi corpulencia ayudara por resistencia aérea a la sufrida maniobra. Creo que llegué a coger aire para ofrecer mas resitencia. Bufff!!!

Al borde de una carretera nacional paró la gordita, y si, transitada, muy transitada.

Pero mi software de avisos volvió a saltar inmediatamente. !Warning, warning, warning! ¡Estábamos en Hungaroring! ¿Recuerdas Alex? ¡Coño!

Eso quería decir que Doohan venía por detrás mío y sin tomtom…

Un caza negro con piloto y fusilera transformados en forma de VFR800 aparecía por mi retrovisor derecho, creo que llegué a ver los ojos de Verónica al mas puro estilo… “Buho observando a un ratón colorado antes del ataque”. Todo pasaba a cámara lenta, mis hombros pasaron de “modo relajado” a “modo colisión”, es decir, “cógete fuerte que la ostia va a ser buena”. Sin evitarlo se encogian buscando el cobijo de su primo, el señor Cuello. El caza japonés pasó del retrovisor derecho al izquiero en un suspiro. ¡Joder que maniobra! ¡Ostias! ¿Por donde había pasado Jose? ¿Por debajo del cofre? ¿Y Vero? Lo había saltado?

¿Me abrian robado algo del interior del cofre? Mira que Jose Florez es muy hábil…

Jose paró a mi lado, por lo pronto y desde mi perspectiva esa moto parecía una poket-bike réplica de una Honda VFR800 de verdad, con un niño y una niña encima. Aún pienso en esa imagen, y me río, no se si se produjo por su estado anímico, el mío, o porque las suspensiones de la Honda VFR800 aún estaban volviendo de los suburbios después de tan brutal frenada y maniobra.

Sin decir nada, nos miramos. Con Jose nos entendemos bien, solo con una mirada basta para decirnos cuatro cosas, a Verónica ni nombrarla, la maniobra fue tan rápida que aún estaba buscando el ratón colorado. ¿Dónde se habría metido el ratoncito? Y como el ritmo del día no bajó, ella siguió preguntándose por ese ratón.

Había hambre. Y una de las cosas que no perdonaba Quim era la comida, bueno, ni el almuerzo, ni la cena, la merienda menos. A Quim le gustaba sentarse en un mesa, daba igual que mesa fuera. A él le gustaba sentarse y charlar. Y si encima el restaurante era Francés, en Carcassonne, y con las motos, la felicidad era doble.

Estábamos en La Divine Comedie. Un restaurante ideal para relatar crónicas de viajes. El día había mejorado en temperatura, la lluvia estaba medio olvidada, y ya habíamos terciado algunas batallas de caballeros y escuderos, hasta hubo tiempo para unas tandas en Hungaroring. Ahora tocaba saborear la cocina Francesa.
No os engaño si os digo que mi Francés es como mi Inglés, algo “escaso” por no decir nulo, algo me quedó de mis estudios, ello, unido a un poco de morro y desparpajo, y siempre a una no menos confianza en mi mismo me lanzan sin temor a hacerme entender, sea el idioma que sea. Me atrevo con todo.

Es muy triste pedir una omelette pensando que te vas a comer una pizza para que finalmente te traigan una tortilla. Imaginaros si nos vamos a las famosas berenjenas francesas rellenas de carne. Un consejo, me lo dio Quim en su día, siempre que podáis pedir o coger la carta con fotos, es mucho mas intuitiva y fácil, aún estando en chino.

Salimos de Carcassonne bien entrada la tarde, la lluvia volvía a hacer presencia caprichosamente, si, solo cuando le apetecía, ya la conocéis, la lluvia es así. La carretera hasta Ax-Les-Thermes se convertía en un detalle natural, pueblos encorsetados en valles siempre a pie del río que les dio sentido y riqueza, carreteras obligadas y forjadas por Don Río, a él, ni se le puede ni se le debería molestar, menos aún, intentar cambiarlo.  

Jose y yo andábamos revoloteando en cada viraje, probando neumáticos, frenos y el asfalto mojado, enroscábamos la oreja una y otra vez buscando ese límite virtual. Verónica seguía pensando en si era un ratón o un conejo, ya dudaba hasta de su color, era rojo o colorado. Por detrás venía Ramón a su ritmo biológico, tranquilo, como siempre, y mas atrás seguía Quim, tocado por el exceso de esfuerzo.

Lejos quedaban ya esas rodadas por las Vilellas altas y bajas, por Prades, Vilanova o Falset. Lejos quedaba que un servidor se le metiera a rueda, intentando seguir el ritmo endiablado que le imprimía a la Ducati. Él, por contra, no iba demasiado preocupado por quién le seguía, en esos tiempos andaba, como todos, preocupado y pendiente por enseñar los entresijos del rodar en moto a su hijo Marc, quién no cesaba de darnos sustos. Ahora por el interior, ahora por el exterior, Dios, como andaba el niño. Era como un cervatillo con una Yamaha Fazer Naked, suelto por las montañas.

Llegamos a Merens-Les-Vals, el clima era húmedo, tanto, que mojaba.

La subida de Merens-Les-Vals a Pas de la Casa (Andorra), para el que no la conozca, es preciosa, con viento y lluvia pierde, pero sigue siendo intensa. Con mas pena que gloria llegamos al hotel, un viejo hostal residencia donde el hijo pequeño de Quim, Quimet, como lo llamo yo, había pasado unos cuantos años viviendo y estudiando. Penitencias del pasado se me antoja. Aunque ahí se vivía de lujo pájaro. Años atrás ya había estado con Quim visitando a Quimet en ese mismo hostal, pero eso, eso es otra historia.

Después de acicalarnos un poco nos reunimos todos en el comedor central, o mejor dicho, en la barra central, vale, la única barra que había. Si, siempre nos encontraréis en la barra, que le vamos a hacer, nos gusta la cata de buenos caldos y mucha cebada.

Llegó la cena, y como buenos hermanos, hablamos y discutimos, ya os he dicho que Quim Font, el cátaro, el “hombre bueno”, había sufrido ese día, lo veía cansado, excesivamente cansado diría yo. Encendía cigarrillos de dos en dos, justo lo que le permitía su arraigada tos, esa noche, exageradamente seca.

Con Quim había tenido muchas conversaciones desde ese lejano 1996 cuando lo conocí, la primera conversación que tuvimos fue mas o menos así. Yo portaba un boletín en la mano (pero hasta ahí escribiré sobre eso), y el andaba por Casa Font, su restaurante en la marítima calle Colon de Salou.

– Sáqueme el ……. de ahí por favor, le dije.
– Cuando pueda, me dijo.
– Puede que no me haya expresado bien, sáqueme el ……….  de ahí ahora, espeté con una prepotencia propia de la edad y de la inexperiencia ante tales menesteres.
– Le digo a usted que lo sacaré cuando pueda, usted no sabe con quién está hablando.
– Ni usted tampoco, le rectifiqué.

Mas adelante, nos fuimos siguiendo, yo creo que hasta nos buscábamos o hicimos por encontrarnos, y si, al final lo conseguimos. A veces lo recuerdo como un padre dándole consejos a su tercer hijo, ya crecidito, eso si. No siempre los seguí, pero siempre los escuché y tomé buena nota de lo que me decía. Sobre los que no seguí, mal que me pese, el tiempo los volvió a su favor. Sí, Quim, al final mas de uno se ha delatado como tu bien decías.   

La cena terminó bien, correcta. Y de cena a copa pasando por chupito con buenos comensales, va muy poco, ya lo sabéis. Así que ahí seguíamos, en la mesa, entablados, como a él le gustaba. A mi también, la verdad, y a Jose, Verónica y Ramón no se les veía incómodos, todo lo contrario. Sobretodo con pelotazo en la mano.

Esa noche Quim tenía algo que contar, así lo pensé entonces y aún sigo pensándolo ahora, nadie le obligó o insistió, ni tan siquiera nadie de los presentes sacó el tema, solo escuchamos. Mi mente recordaba parte de sus palabras, pero en petit comité, entre él y yo, ahí si que había oído parte esas reflexiones, pero nunca ante nadie mas.

Si ahora alguien me pregunta el porque abrió su corazón, solo puedo decir que pasado tres años creo que Quim tenía un don para elegir a los caballeros. Y para mi, los años le han dado la razón, eligió a personas nobles, honradas y generosas. Nunca había mantenido esa conversación ante otros, siempre me lo había dicho, algunos no son de fiar, Alex, aunque no lo veas o no lo quieras ver. No te fies de…

En diez minutos se arrancó y nos arrancó unas cuantas lágrimas. En resumidas cuentas, nos dio una Master Class de vida, de sacrificio, voluntad, sufrimiento, alegrías, decepciones, y sobretodo de lucha, de convicciones y responsabilidades que uno ha de adoptar acorde a sus actos de vida. Claro está que esa conversación nunca pasó el marco de ese hotel, como entenderéis, tampoco escribiré sobre ello, menos aún, hagáis el intento de preguntarme.

El domingo amaneció soleado, y después de darnos unas vueltas de shopping por Pas de la Casa y visitar a Igor, o él a nosotros, tocaba la bajada hacia Salou. Esta se hizo con la misma dinámica, Quim cansado, muy cansado, y con algún susto en su conducción que nos puso, en pocas palabras, los huevos por corbata. Florez y yo seguíamos con nuestros juegos prohibidos, ahora te adelanto, ahora me adelantas, creo que al final decidió darle una vuelta mas a la oreja, pero yo no andaba por tantas bulerías, Ramón seguía con su ritmo biológico, el siempre va a su ritmo, es genial.

La luz del “hombre bueno” llega a su fin.
No pasó mas de dos meses, era un 18 de noviembre de 2011 a primera hora de la tarde cuándo sonaba mi teléfono, el corazón del caballero, del cátaro, de ese hombre bueno había dejado de latir.

Mi rostro por aquel entonces, el mismo que ahora mientras escribo estas lineas, se llenó de lágrimas, no podía ser. Quedaba un viaje conmigo Quim, lo sabes, al menos uno. Ya habíamos hablado de él, estaba decidido y cerrado. No podía ser que te fueras sin un adiós, sin despedirte, sin tan siquiera decirme que no podríamos ir. Posiblemente mi pensamiento era muy egoísta, no lo dudo, pero si, tenía la plena convicción de que aquel caballero aún me tenía que haber enseñado muchas cosas, se iba sin darme muchos buenos consejos.

El azar eligió ese viaje en moto como el último que debía hacer Quim Font Anglès. Eligió para él a tres escuderos, ahora caballeros de su orden, Jose Florez, Ramón Gil y un servidor. Eligió una ruta por tierra de castillos, una tierra con pasado medieval para cavalgar por última vez con su Ducati. Una tierra que reflejaba su persona o personalidad a la perfección, por estar, como él, históricamente en lucha y comprometida con los suyos, una tierra maltratada, a veces, solo por el hecho ser fronteriza y buena.

El destino hizo que paráramos en el monumento a los Cátaros, en Francia, el monumento a los hombres buenos, a los hombres de bien. El azar hizo que esas tres monturas posaran ante ese monumento, en silencio, respetuosas y conscientes de donde se econtraban mientras a sus dueños se les pasaba por alto. El destino o el azar, el azar o el destino, que mas da a estas alturas.

El 18 de noviembre de 2011, un motero, un viajero, un amigo… Un hombre bueno nos dejó.
 
En recuerdo de Quim Font Anglès.

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6 pensamientos en “Quim Font Anglès. El último viaje de un hombre bueno”

  1. Quim era así. … 🙂 un hombre bueno. Gracias por explicar este viaje, me has hecho recordar cosas muy buenas. Alguna de la’salidas’ en las que coincidi con él. También he recordado una cena en Vielha… cuando fuimos vecinos en el cap salou, cuando jugaba con walther( mi perro) y sobretodo cuando me animaba y daba fuerzas con el problema de mi hijo haciendome ver que todo se supera( siempre a su manera, claro jajaja) también he recordado la fatídica tarde en la que mientras trabajaba me enteré de que nos habia dejado, recuerdo que me sentí vacía. Quim un besito, sigue guiandonos desde el cielo. Lauri.

  2. Cada vez que leo este articulo, vivo esos momentos, esos dos días fueron duros y a la vez inolvidables, aun recuerdo la subida de Merens-Les-Vals a Pas de la Casa (Andorra) ahí ya vi que Quim iba muy mal, no recuerdo cuantas veces paramos, hasta que decidimos que fuera el delante, también recuerdo el susto que nos dio llegando a Alcover, el recuerdo más presente su media sonrisa y su buena conversación, no te olvidamos Quim.

    1. Lo del susto de Alcover… Buffff.

      Pues prepárate porque el día 14 de junio sube Marc con la DUCATI!!!

      Y tu ya sabes que serás uno de los guías en la subida… 😉

  3. Since it was Whedon’s choice to put it in, and Whedon is emtcapihally NOT one of the people embracing the myths over the comics, this comes across as an excuse to give Whedon a free pass. Is mythological Loki misogynist? Definitely. Is Marvel Movie Loki misogynist? Not notably until right that moment. And that was Whedon’s choice. He’s already shown before that line how evil Loki is, the line doesn’t actually serve to underline that any further, especially when most of the audience missed the meaning. It’s Whedon thinking it’s funny to slip in a grossly misogynist slur.

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