Franco y Andrea Antonello

Si te abrazo no tengas miedo

Miedo: Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. 

Hoy os presento una historia fantástica con un viaje en moto como actor secundario. Una de esas historias de padre e hijo que te hacen derramar lágrimas, al menos a mi.

A Andrea le diagnosticaron autismo con dos años y medio, a partir de allí la familia Antonella se ve envuelta en una vida que nadie desearía, una enfermedad de la que aún hoy en día se sabe muy poco.Andrea Antonello se presenta como un niño movido que actúa impulsivamente cambiando las cosas de lugar o bebiéndose el agua de otros, no es capaz de enlazar dos palabras seguidas y sus gestos pueden llegar a dar miedo.

Pero Andrea dejó de ser niño y con 18 años se tiraba encima de la gente para abrazarlos y tocarles la barriga. Un día cualquiera y mediante el ordenador Franco le preguntó a su hijo porqué hacía eso y Andrea le respondió… Para conocer a las personas.

Con el tiempo la familia Antonello ya se había acostumbrado a que Andrea se comunicara mediante el ordenador escribiendo parcas frases, muchas veces sin sentido o que solo podía llegar a entender él.

El desencadenante de esta historia llega el día que Andrea escribe en su ordenador “Soy un hombre prisionero de mis deseos de libertad. Andrea quiere curarse”

Esa frase tan directa, sensata y muy cruel hizo reaccionar a su padre Franco, quien hasta la fecha había realizado cuanto estaba en sus manos para curar a Andrea aunque ninguna de las terapias había funcionado, postulando a Andrea y a toda la familia en al anonimato y la seguridad del hogar por miedo.

A raíz de esa frase, Franco cogió a Andrea y se lo llevó a EEUU para una vez allí comprar una moto y recorrer 38.000 kilómetros con su hijo durante más de 4 meses. Le estampe unas camisetas donde se leía; si te abrazo no tengas miedo

Después del viaje, el escritor Fulvio Ervas quiso plasmar esta conmovedora historia en un libro; “Si te abrazo no tengas miedo”.

Franco y Andrea Antonello

 

ENTREVISTA DE LA CONTRAPORTADA DE LA VANGUARDIA A FRANCO ANTONELLA.

Andrea fue un niño sano hasta los dos años y medio. Tras 15 días de fiebre y gritos le diagnosticaron autismo.

¿Conoce el motivo?

Estoy convencido de que se lo provocó la vacuna triple vírica, seis mil familias italianas me han escrito diciéndome que les sucedió lo mismo, y ya hay farmacéuticas que advierten en los prospectos de algunas vacunas que pueden producir autismo.

¿Cómo encajó el diagnóstico?

Nos lo confirmaron en Siena, yo fui a recoger las pruebas: durante 300 kilómetros llené el coche de gritos y lágrimas.

Al principio te sientes culpable porque te avergüenzas, nuestra sociedad no está preparada para relacionarse con estos niños y las cosas extrañas que hacen son señaladas. Te desesperas, luego no te queda otra que arremangarte.

Usted decidió dedicarse a su hijo.

Sí, mi vida cambió: trabajaba por las mañanas y dedicaba las tardes a Andrea y a crear y gestionar la fundación para niños autistas y discapacitados. Fue mi manera de no angustiarme con la pregunta.

¿Qué pregunta?

Cuando yo no esté, ¿qué será de Andrea? Acabará en algún centro empastillado de psicofármacos con alguien que le dará la sopa al mediodía y por la noche; y pronto a la cama esperando que Dios se lo lleve cuanto antes. Es lo que les ocurre a estos niños si no tienen alguien que se ocupe de ellos.

Usted se embarcó en mi largo viaje con Andrea.

Sí, recorrimos EE.UU. en moto y bajamos hacia México hasta llegar a Brasil. Aparentemente era una locura, ya que los niños autistas lo deben tener todo programado: horarios, comidas, medicinas. Pero yo sabía que no existía un libro de instrucciones, así que decidí hacer el mío. Partimos sin saber si estaríamos tres horas, tres días o tres meses.

Fueron tres meses.

Las vacaciones más bellas de mi vida. Andrea no mejoró, pero volvió mucho más orgulloso de sí mismo. No me limité en nada, estuvimos en conciertos, paseamos por calles llenas de gente y Andrea nunca perdió la sonrisa. Cuando se tiene miedo por una situación fea como la enfermedad de un hijo, el instinto es poner el pie en el freno.

No es su caso.

Yo creo que sólo arriesgando se pueden obtener resultados nuevos. Cambiar, a veces, es una medicina.

¿Cómo es Andrea?

Se da cuenta de todo, pero no logra ordenar su cabeza y expresarse. Yo he intentado entrar en su mundo, imitar sus gestos, saltar sin moverme del sitio, correr de un punto a otro, caminar como él: de puntillas… Cada vez que lo intento siento emociones tan fuertes que se me saltan las lágrimas.

¿Sabe si es feliz?

Ha aprendido a comunicarse a través del ordenador (comunicación facilitada). Yo le hago preguntas y él contesta con mucha dificultad: “Andrea quiere curarse”, escribe.

Eso debe de ser doloroso.

Los autistas ven el mundo diferente, pero no sé cómo. Daría mi vida por meterme en su cabeza diez minutos. Desarrollan otra percepción como cualquiera que debe suplir una carencia, y pueden tener cualidades excepcionales que no son descubiertas. Pero si estuviera aquí, se bebería su agua, cambiaría las cosas de sitio, no pararía.

Entiendo.

Va por la vida abrazando a la gente y tocándoles la barriga, dice que así los conoce. Ya ha cumplido 18 años y tiene necesidades sexuales, pero ese es un tema tabú.

¿Cómo lo soluciona?

Sigo mi instinto. Llevo a Andrea conmigo y trato de que viva su sexualidad con naturalidad, aunque para ello deba pagar. Pero cada autista es distinto.

¿Cómo lo lleva su hermano pequeño?

Cuando eres niño tener un hermano loco crea situaciones devastadoras, por eso Alberto vive con su madre y Andrea conmigo, pero nos vemos cada día. A mí en casa me lo ha cambiado todo de sitio; no es fácil.

Habrá probado todo tipo de terapias.

Sí, hemos ido a Francia, Alemania, Suiza, Filipinas, Senegal, Brasil, Estados Unidos, buscando soluciones médicas, alternativas, religiosas, pero nadie sabe qué hacer.

Debe de ser frustrarte.

Te ilusionas y luego te decepcionas. Andrea hizo una dieta durante un año y medio muy dura, una tortura; yo la hice con él. El resultado: peor. En Senegal y en Brasil he acudido a curanderos y mi experiencia es que nada da resultado. Creo que el único punto de referencia hoy son las asociaciones de padres que intercambian conocimientos.

¿Cómo lo vive Andrea?

No llegas a entender si está contento o triste, tiene la misma actitud en una fiesta que en medio del desierto. Jamás me ha dicho nada por propia iniciativa.

Y usted, ¿cómo lo lleva?

Yo sé que esta tarde vamos a correr, luego ducha, cena y a dormir.

Y me digo: hazlo lo mejor que puedas en cada momento y ya harás las cuentas al final de la vida.

Fundación para el autismo de Franco Antonella:

I bambini delle fate

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6 pensamientos en “Si te abrazo no tengas miedo”

  1. Bohhhhhh! Que relato más duro. Que de gente valiente hay por el mundo. Estamos rodeados de héroes y no lo sabemos. Comprado el libro. Un pequeño granito de arena…

  2. Hay situaciones en la vida que te hacen pasar de ser expectador a protagonista, el resultado solo uno mismo puede hacerlo luminoso u oscuro. La vida es asì, todos distintos y todos iguales.

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