Sierra de Guilleries

Sierra de Guilleries

Sierra de Guilleries, tierra de bandoleros. Sant Gregori, provincia de Gerona.

No hace falta en estos lares substancia alguna para elevar el  alma a la desconexión terrestre. La carretera se precipita a su antojo del claro al tupido y del llano al  abrupto. Una puerta, un línea, un puente con pasarela de fantasía. Allá cada uno con las suyas.

Al dejar Sant Gregori es fácil volar a épocas remotas. Épocas de bandoleros y trabucos, de pistolas de avancarga. De robos y pasión a pies de alcornoques. Entre montañas y a través de un falso llano humedecido por la niebla se llega a les Planes d’Hostoles.

Atrás han quedado los Llémenas, Martín y Esteban elevados a Santos, Joan y el Puig de la Banya del Boc ya son experiencia.

Es hora de poner rumbo sud flanqueando la vía verde que antaño unió por ferrocarril Gerona con la tierra de los volcanes. La derecha reclama mi atención. Una cresta se inclina de forma sutil para indicarme por donde debo continuar. Malditos cantos de sirena, espejismos precedidos por diabólicas llamadas. Caprichos que me embaucan a lo desconocido.

En aras del sueño nunca se valora el lamento o la diversión.

La riera de … me hace remontar el congosto. La tierra húmeda y los bosques de helechos y encinas proporcionan la penumbra para esconder nuestros andares. Un bosque encantado lleno de bandoleros. Señor Serrallonga, furtivos perdidos en transitoria locura. ¿Y porqué no?

Un nuevo paisaje me hace abandonar el trabuco y la pistola. El tempo del momento me obliga al cambio. Armadura, lanza y yelmo mientras monto a lomos de mi corcel. Es hora de controlar mi feudo.

Bienvenidos a Osor.

Osor
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