Sueños de altura

Sueños de altura

Sueños de altura

Que pecados habré cometido para semejante penitencia.

Esta reflexiba frase enmarcada entre lo trájico y el lamento bien podría reflejar mi año 2015 en cuanto a viajar en moto se refiere. Pero entonces pasaría a creer en cosas en las que no creo. Ni en lo trágico ni en el lamento, creo que todo pasa por algo.

En Dakar fue el sensor del ABS, en mayo la marquesina, cinco puntos en la cabeza y mi costilla, ahora en julio tocaba romper el amortiguador a 2750 metros de altitud. Sí, tocaba, y nada más, no hay que darle muchas más vueltas a las cosas que tienen una explicación lógica, se rompen por el uso o te comes una marquesina por despirtarte, en cualquier caso, por hacer algo.

¿Mala suerte? No. La vida y las cosas que nos pasan a diario son una suma de acciones y decisiones que nos llevan irremediablemente a un lugar concreto en un momento concreto con una consecüencia concreta. ¿Lo hubiera podido evitar? Seguramente, tomando otras decisiones, y otras cosas hubieran pasado, buenas o no. Ahí está la grandeza de la vida humana con todo lo que ello conlleva. Somos dueños, responsables, beneficiarios y perjudicados de nuestros propios actos, sean estos conscientes o no.

Me encapriche a ir a Stella Alpina y para ello hice una recuperación conciencuda con el fin de reparar la costilla y poder afrontar los más de ocho cientos kilometros que separan Salou de la montaña del Sommelier, y, sus pistas de tierra. Llegué, salté, boté, offroadé. Estaba contento pues todo iba sobre la marcha y la costilla no se hacía sentir. Buena compañia, buen hospedaje, buena comida y muchas sonrisas disipaban el horror de cualquier tipo de problema.

El sábado por la tarde, junto a Charly, nos aventuramos en la pista del Monte Jafferau hasta los 2800 metros, dicen, que una de las pistas más peligrosas de la zona. Y allí andubimos sin experiencia alguna por pistas y caminos de alta montaña flanqueados por interminabables colinas que aventuraban desastre en caso de enamorarte de ellas.

Pasó la zona de pinos y la pista se abrió hacia la vegetación propia de la alta montaña. Desnuda por completo se nos mostraba serpenteante con sus tornantis que nos aupaban hasta la cima de la primera colina. Y llegamos, costó lo suyo pero llegamos, con la gordita y su homóloga refrigerada por agua, la LC.

Para mi era una sensación muy nueva, había hecho pista con la moto pero nunca a esas alturas, y reconozco que si bien mi pasado esquiador o más de una jovenzuela salida de alpinismo me simbiotizaban bien con el medio alpino, el ir en moto junto a esos barrancos me producía cierto temor a lo desconocido, la falta de experiencia, siempre determinante en casos extremos.

Después de los siempre incómodos tornantis llegó un pequeño llano donde paramos. Era el momento de saborear lo que ya en ese momento habiamos conseguido, y no era poco. A nuestra izquierda se nos mostraba sinuante una pista que transcurría por lo alto de la colina, el camino reposaba sobre las amenzantes laderas quienes la custodiaban hasta su fin, o mejor, hasta que se perdía por el horizonte detrás de algun monte.

Disfruté por esa pista semi llana como un niño. Ni la mejor de las atracciones puede transmitir las sensaciones de haber conseguido llegar por tus propios medios a una montaña rusa llena de emociones mecidas por sensaciones de libertad, superación y sacrificio y que producen el mero hecho de estar allá arriba con tu moto. Y volvimos a parar. Esta vez delante del Fort Jafferau, una construcción del pasado siglo que había albergado en su día piezas de artillería para su defensa. Baje de la moto como quién baja de un caballo, y es que la ocasión y la situación invitaban a ello.

Un humo sospechoso salía a intervalos cortos de mi tubo de escape. No era otra cosa que las gotas de aceite que de forma continua caian encima de la chapa caliente. Había roto el amortiguador trasero de la R1200GS. Un amortiguador Hagon especialmente reforzado para mi peso y tipo de viajes. Algo tenía que haber hecho mal. Ese amortiguador me había acompañado en los últimos 40.000 km por media Europa, Turquía y Marruecos. Era consciente de que no lo había protegido con una funda offroad, en cualquier caso, se que Hagon Iberica lo estudiará y lo analizará para mejorarlo si es menester.

Si no es porque me acompañaba Charly me hubiera puesto a llorar a 2775 metros de altura rodeado de las montañas medias de los alpes italianos, en medio, de una soledad que intimidaba. Sí, los tipos duros también lloramos aunque rara vez lo expongamos en público. Ni yo mismo se de donde saco esa fuerza que me hace levantar y asumir los problemas y las consecuencias tal como vienen, las del amortiguador, y las de chafar las gafas graduadas después de haberme hecho un “selfie” para inmortalizar el momento.

Bajé la pista del Jafferau como pude, mi imprecisión óptica i la rápida bajada del sol por ser algo tarde precipitaban una y otra vez mis movimientos haciéndolos algo bastos. Mi posición, siempre de pie encima de la moto para evitarle más sufrimiento al tren trasero le recordaba a mi cabeza que mis piernas aun no estaban prepradas para aguantar semejante trajín. Mis brazos rebotaban una y otra vez en semiflexión aguantando el peso del cuerpo, algo deshidratado por la calor.

A todos nos gusta tener viajes placenteros, pero a veces las cosas se tuercen, se complican, y hasta llegan a parecer imposibles, y en los peores momentos es donde uno ha de saber sacar todo lo mejor de el.

No cesaré en vivir mis sueños, por muy complicados que estos se me presenten, y no cesaré en compartir mis experiencias personales si con ello animo a alguno de vosotros a realizar los vuestros.

Sueños de altura

Compárteme...Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInEmail this to someone

2 pensamientos en “Sueños de altura”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *