Vall d’Àneu en moto, y la Taberna Lo Got – Parte 1

Y 21 años después, o 19, ya no lo recuerdo, volví a este encantador paraje de los Pirineos Catalanes. El Parque Nacional de “Aigüestortes i Estany de Sant Maurici”, en la comarca del Pallars Sobirà.

Entre el miércoles y el jueves pasado tenía más de tres hoteles reservados entre el Pirineo Aragonés y el Catalán, sinceramente, no sabía por donde me tenía que perder, y poco me importaba, pues como viene siendo habitual, el destino era lo de menos. Al final, el azar o el propio movimiento de las personas con el mundo me hicieron recaer en un camping más que acondicionado para pasar dos noches de sueño.

El viernes sin prisas arrancaba hacia una de las zonas más bonitas de Cataluña, evitaré mencionar nada de la ruta más que el Port de Comiols con unas vistas increíbles de Tremp.

Vall d'Àneu

Contando finales de mayo del presente curso era el tercer día que cogía la moto, la rotura de la costilla y la fractura del amortiguador Hagon en Italia lo habían evitado concienzudamente. Cuatro horas me bastaron para acomodarme en el Camping La presalla, camping que me había buscado Alan Nieto y su mujer Albina a un precio ciertamente inmejorable. Por cierto, si vais por la zona no dudéis en preguntarle a Albina sobre los hospedajes, tanto a ella como a Alan los encontraréis en el Nou Camping de la Guingueta d’Àneu.

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Sin darme cuenta bailaba por la carretera que conduce a Cerbi pasando por Unarre, Auròs y Gavàs. Cerbi, mi primer destino de esta escapada se me presentaba como un pueblecito a 1430 metros de altitud alzado con el galardón a la localidad más alta de les Valls d’Àneu.

¿Porqué Cerbi? No lo sabía ni yo y tampoco me importaba mucho.

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No rodaba solo en mi camino. Desde la partida me acompañaba una ligera brisa que agarraba mi cintura mientras me susurraba al oído sueños por llegar. A veces desaparecía por un rato, se perdía entre las laderas de los valles más allá de las montañas, rodeaba los jardines, las casas y los pueblecitos por donde pasábamos impregnándolos de su encantadora estela. Al tiempo volvía intensa para mecer de nuevo mi rostro, fresca, suave, tierna. Sus mieles son ahora el motivo de mis nostalgia, su ausencia, el mayor de mis pesares.

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Después de visitar a pie los pueblecitos de la zona recaí en la Taverna Lo Got, un encantador restaurante al final del pueblo de Cerbi que está regentado por Maximiliano, máximo o mínimo para dejarlo en Max, como dice él. Un catalano – leonés que no me atrevería a catalogar sin conocerlo más a fondo, y su encantadora familia, quienes exquisitos nos obligaron con gran éxito a probar una mezcla de embutidos y quesos de primerísima calidad regados por un caldo de barricas y madre de poso centenario que recordaba más a un buen coñac que a un vino de mesa, bueno, muy bueno.

Vall d'Àneu

La gordita no quiso quedarse fuera del festín y a su aire se coló hasta la cocina. Husmeó tras las bambalinas teatrales del lugar para rodear las mesas de la taberna hasta encontrar su sitio junto a la lumbre, impregnando el lugar ese aire aventurero que la caracteriza.

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En un grato y invitado silencio pasamos a observar las lámparas, la menta en lo alto de lo got, los alambiques, los cuadros, los juegos infantiles y las bigas de madera en perfecta armonía, el suelo, un empedrado difícil de barrer daba pie a una lumbre que  sugería un rincón excepcional en invierno.  No traduciré “lo carrasclet, o els fanalets de paper pel vall del fanalet, les ferramentes dels cavalls, les eixades que convidaven y donaven pas a un bon cop de falç. Una mezcla catalano leonesa que entiendo hacía honor a la historia de la familia fundadora, a sus raíces y a la tierra que los acogió.

Pero no sufráis, no tengáis prisa, pues tanto rozamos la excelencia que para recaer en la Taverna Lo Got deberéis esperar a 2016, cerraban hoy. Este encantador restaurante tiene esa buena costumbre de abrir solo un mes al año, Agosto. Un año para pensar y babear en saborear los embutidos de León y los quesos autóctonos de exquisita elaboración y paladar.

Tupí, un queso fuerte y picante que hace honor al recipiente donde se macera y que se elabora con leche de vaca, oveja o cabra condimentado con orujo. O el Tros de Sort, un queso suave elaborado con leche cruda de vaca. El Serrat Gros, un queso exquisito con medalla de plata en el último mundial para finalizar o empezar con un Vicente Pastor de Oveja Merina.

Vall d'Àneu

El día pasó por Son, un pueblecito donde recaía servidor en sus años mozos para pernoctar antes de descolgarme por las laderas invernales de las pistas de esquí de Baqueira Beret. Y acabó en la Braseria l’Esquella de Esterri d’Àneu, la que dio paso al sueño de una cálida noche en un habitación de madera que me recordaba a los Hytters Noruegos.

No hay más… ¿Os parece poco? Pues atentos al próximo.

Continuará…

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